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Nuevos rituales

 
   

ANDRA ·Noviembre de 2003

Nuevos rituales
TERESA DEL VALLE. Catedrática de Antropología de la UPV/EHU

El ritual de la muerte es difícil de improvisar y es frecuente recurrir al religioso aunque la persona que haya fallecido no se identificara como creyente. Con frecuencia he hablado con otras personas acerca de la necesidad de crear nuevos rituales de despedida. Por ello señalo el acto que en nombre de familiares, amigas y amigos, se convocó en Irun en recuerdo de Amaia Lorea, miembro activo de Bidasoaldeko Emakumeak.

Murió al amanecer del día 12 de octubre y el 19 nos reunimos a celebrar la amistad, el recuerdo que ha dejado. La cita inicial era en la explanada de la ermita de Ama Xantalen, lugar simbólico de Irun y especialmente relacionado con el Alarde. La lluvia cambió las cosas pero no las expresiones de reconocimiento. Y así nos trasladamos al Ateneo Kabigorri, centro puntero de la vida cultural de Irun, con el que Amaia estaba relacionada. Mujeres, hombres; todas las edades representadas.
En el inicio el protagonismo de la txalaparta que con sus sonidos iba marcando recuerdos, evocaciones, músicas lejanas y cercanas para al final, con los sonidos más cortados, irnos anunciando el adiós. Silencio y emoción contenida. Y con el silencio de fondo se inició la danza, todo mimo, y entre el grupo Ohiana, la hija de Amaia, en la expresión más profunda del recuerdo que traía la presencia de la ausencia. El local abarrotado. Mucha la gente que desde fuera iba siguiéndolo por la música y adivinando el acontecer en los momentos de silencio.

Por ello, al terminar la danza, salimos a la calle estrecha, terminada en escaleras que hicieron de escenario abierto. Un aurresku masculino; la música de `La alborada' que incorporaba la fiesta de finales de junio. Siguieron testimonios de voces emocionadas de unas y otros que recordaban distintos momentos de la vida de Amaia.
Tal como la fueron describiendo, la palabra compromiso apareció repetidamente, se plasmaba en una respuesta a un abanico de causas: con la escuela pública, con la negociación de convenios en su lugar de trabajo, con el euskara. Se habló de "de su innata tozudez y el optimismo existencial que destilaba por todos sus poros cuando las cosas se torcían" y especialmente de su compromiso con la lucha por la participación igualitaria en los Alardes. La palabra feminista se llenaba de contenido, actividad constante, entusiasmo...

A las palabras siguió otra vez la música: una voz que cantaba al amor; el coro que desde las escaleras transmitía su emoción de voces mixtas para finalizar con un sentido adiós.

El lugar donde se celebraba la despedida hacía que todo ello evocara la lucha de todos los años pasados y también, con una visión de futuro, se calibraban los logros. Así se mencionó que en el último Alarde la Compañía Jaizkibel pudo desfilar por el Casco Viejo de Hondarribia sintiendo los aplausos y sin incidentes. Esa mañana del 19 de octubre había mujeres y también hombres que ésta vez se desplazaron hacia Irun. Lo mismo que habían venido haciéndolo año tras año para desde las aceras, en la plaza, apoyar al grupo que intentaba unas veces, conseguía otras, escenificar en la calle su derecho a participar de la fiesta. Y Amaia Lorea había estado allí. Por eso sonaba `La alborada' y se la recordaba en la calle y se pensaba en aquella Diana especial que el grupo le dedicó el pasado 30 de junio frente a su casa.

Dado que las referencias a los Alardes estaban tan presentes en los distintos momentos del acto, quiero terminar con una cita del final de un texto de Xavier Pérez Herrero leído en aquella mañana de cielo plomizo y lluvia suave: "Como a Amaia le encantaba tocar el redoble, estoy seguro que en el liviano equipaje que permite la tarjeta de embarque de Caronte se habrá escurrido el tambor de marras. Confiemos que en la otra orilla no exista discriminación alguna. Y si la hay, que se vayan preparando, porque Amaia va para allí tocando su redoble ".

 

 


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