Ponencia presentada por Bidasoaldeko Emakumeak a las Jornadas Feministas. Córdoba 2000. 6 dic 2000
1. Cronología de los acontecimientos más importantes
En primer lugar, expondremos unas pinceladas sobre los Alardes y el conflicto que se ha generado con motivo de la voluntad de una serie de mujeres de participar en los mismos al igual que lo hacen sus conciudadanos varones, para que se pueda entender de qué estamos hablando.
Las fiestas de los Alardes de Irun y Hondarribia (en su configuración actual) surgen a finales del siglo pasado, como en toda Europa, al calor de la época romántica, como un signo más de la folklorización de eventos llamativos de la historia local, que se lleva a cabo, como elemento de atracción turística importante, por su vistosidad y singularidad, en el contexto de una costa vasca en boga en toda Europa en plena Belle Epoche.
El Alarde de Irun tiene elementos rememorativos de la revista de armas de las milicias forales y de la batalla de San Marcial librada en el año 1522. El de Hondarribia tiene igualmente elementos conmemorativos de las milicias forales y de la batalla librada en 1638 para poner fin al sitio que sufría la ciudad.
En ambas batallas -de entidad menor desde el punto de vista de su importancia histórico-militar- resulta, sin embargo, llamativa la participación de las mujeres; en un caso (Irun), junto con niños y niñas para despistar al enemigo, ofreciendo con antorchas en la noche una imagen de número de soldados superior al real; en otro caso (Hondarribia), porque un grupo de 100 mujeres armadas y ataviadas como hombres llegaron a ofrecerse al Gobernador para sumarse a las tropas que libraban la batalla que hubo de poner fin al sitio, tal y como nos relatan historiadores coetáneos de la época (Garibai y Monet). Ambos hechos, sin duda relevantes, en cuanto al protagonismo social de las mujeres en aquel momento (no olvidemos el auge social de lo militar en la época), son, sin embargo, abruptamente silenciados por los Alardes en su configuración festiva actual, con ausencia total de mujeres, salvo en la figura de la cantinera.
En efecto, los vecinos de ambas ciudades, en el año 1881, crean una forma de folklore que cristaliza en sendos vistosos y espectaculares desfiles, cuya coreografía de inspiración militar es innegable, pero que son ante todo los actos centrales de las fiestas patronales de las localidades de Irun y Hondarribia, actos de participación masiva (desfila todo el que así lo desee sin requisito de ninguna clase, salvo ser varón).
Ambos alardes y todo lo que socialmente se mueve a su alrededor, recrean un rito social complejo y profundo, que evoluciona a lo largo del siglo XX adaptándose a los acontecimientos del momento y acomodándose a los valores dominantes (franquismo, religión, postfranquismo y emergencia del nacionalismo, laicismo etc. ...), que se van reflejando en significativos cambios en los Alardes como, la incorporación de una compañía de veraneantes en los años 50 en Hondarribia, o la desaparición en los años 80 de una representación del cabildo eclesiástico, etc.,... Los Alardes reflejan hoy en gran parte la estructura y jerarquías sociales de las ciudades y constituyen un elemento fundamental de identidad colectiva para ambas poblaciones. Sus principales características las podríamos describir de la siguiente manera:
-Es un acto cívico de integración ciudadana, una recreación de la escala social que se proyecta en la estructura de los alardes, supone también un rito iniciático para los hombres de ambas localidades, reafirmando el estatus masculino en la sociedad...
- Se trata de un acto de vocación multitudinaria y que pretende dar cabida a toda la población adulta ('naturalmente' masculina, con exclusión, por tanto de las mujeres). En este desfile festivo masivo participan en Irun unos 8.000 hombres, y en Hondarribia unos 4000, organizados en compañías, una por cada barrio o por gremios,
- De esta manera cada compañía lleva a una mujer como cantinera, que es elegida por los hombres y sólo puede salir una única vez en su vida (son elegidas en total 19/20 mujeres cada año frente a los 8.000/4.000 hombres que voluntariamente y sin ninguna clase de condición se incorporan al mismo).
-Hay que señalar que, como las cifras expresan, es un acto de gran arraigo popular, y tiene carácter público, pues el Ayuntamiento participa en su organización, en virtud de una ordenanza municipal que regula exhaustivamente la forma del Alarde y que supone la financiación pública del mismo, a cargo también del Ayuntamiento. Este protagonismo municipal se ha considerado un elemento esencial de la tradición en ambas localidades, pues existe un compromiso escrito de ambos cabildos seculares (Ayuntamientos) de rememorar anualmente la batalla cumpliendo con unos votos realizados tras las victorias respectivas, en Irun a San Marcial y en Hondarribia a la Virgen de Guadalupe.
El año 1996 un grupo de mujeres, de la asociación feminista Bidasoaldeko Emakumeak, presentamos al pleno del Ayuntamiento de Irun una moción pidiendo que se modificase la ordenanza del Alarde con el fin de que se diera expresamente cabida a las mujeres que tuvieran deseos de participar en el mismo con un papel distinto al de cantinera, es decir, como cualquier otro vecino de nuestra ciudad. Para nosotras el derecho de igualdad entre los sexos se opone a toda forma de discriminación, y la exclusión de las mujeres de la principal manifestación festiva de la ciudad por su sola condición sexual, supone una discriminación directa que se opone frontalmente al ejercicio pleno de la ciudadanía de las mujeres irundarras y hondarribitarras, que comporta también la libre participación en la fiesta de su ciudad, en pie de igualdad respecto a sus conciudadanos varones.
El Ayuntamiento rechazó la moción con los votos en contra de PSOE, PNV, PP, votando a favor IU, HB y EA. La reacción en el pueblo a esta pretensión no se hizo esperar: amenazas de todo tipo, agresiones, insultos por la calle, llamamientos a boicotear los comercios de las personas que se habían manifestado a favor de dicha reivindicación, etc. en definitiva, estigmatización y exclusión social de toda persona que se manifiesta favorable a dicha aspiración.
En junio de 1996 un grupo de 50 mujeres y otros tantos hombres entran en el Alarde de Irun con la intención de tomar parte en él y así hacer realidad el ejercicio del derecho a la igualdad de las mujeres. Tuvieron que ser protegidos y escoltados en su salida por la policía municipal para evitar que fuesen agredidos, después de haber cubierto entre gritos e insultos un pequeño tramo del recorrido que hace el Alarde. Otro tanto ocurre en septiembre de ese año en Hondarribia, produciéndose además agresiones contra las mujeres que intentan incorporarse al Alarde.
A lo largo de ese año, y en vista de que no vemos voluntad, ni desde los partidos políticos ni desde las instituciones de dar una solución al conflicto, acudimos a los tribunales con sendos recursos contencioso-administrativos en protección jurisdiccional de los derechos fundamentales contra ambos Ayuntamientos. Ambos recursos fueron estimados por el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco en enero de 1998, con dos sentencias que actualmente se hallan recurridas en casación ante el Tribunal Supremo y pendientes, por tanto, de una resolución definitiva. En ambas sentencias se reconoce el derecho de las mujeres a incorporarse en condiciones de igualdad a los Alardes, declarándose nulos de pleno derecho los acuerdos de ambos Ayuntamientos que impedían dicha incorporación, por constituir éstos una violación del artículo 14 CE, al incurrir en discriminación por razón de sexo.
La utilización de la vía judicial respondía así a la necesidad de buscar un aval para nuestra reivindicación con el fin de obtener un reconocimiento social suficiente. Desde el inicio de esta elemental reivindicación, nosotras, como mujeres procedentes del movimiento feminista nos hemos enfrentado al desprecio social y al intento de descalificación de nuestra postura, como una postura marginal y desprovista de toda relevancia social. Todo ello, basado en un juicio social tácito y previo de quienes estamos en la causa feminista, que implica el no reconocimiento de autoridad alguna para cualquier valoración o tesis que pueda proceder de nosotras. De este modo, cuando nosotras sosteníamos la tesis de la existencia de un derecho fundamental a ser tratadas igual que los hombres y afirmábamos que tal derecho se veía conculcado con nuestra exclusión del Alarde, esta afirmación provocaba la burla y la risa de nuestros oponentes (una importante mayoría social, como ahora se verá). Los informes favorables a nuestra tesis, emitidos por Emakunde (Instituto Vasco de la Mujer) y el Ararteko (Defensor del Pueblo del País Vasco) aparecían así mismo insuficientemente dotados de autoridad, en la medida en que procedían de instituciones de alguna manera consideradas más débiles, por su falta de peso político en el entramado institucional. La vía judicial se nos mostraba así como la única vía capaz de exorcizar esa falta de autoridad y peso social que las feministas arrastrábamos, pese a la extensa y fundada argumentación que desde un principio hicimos pública para defender nuestra postura (un importante trabajo multidisciplinar, en el que han colaborado historiadoras, antropólogas, juristas etc.) y a pesar también de la obviedad de una cuestión como la presente para cualquier demócrata que se precie (estábamos y estamos hablando de una cuestión de democracia elemental).
Para las fiestas del 97 ya tenemos un auto del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, en el que se reconoce cautelarmente (antes de que se dicte la sentencia) que las mujeres tenemos derecho a participar en el Alarde en pie de igualdad con nuestros conciudadanos varones, e insta al Ayuntamiento a que ponga los medios para permitirnos participar. El Ayuntamiento para ese año propone que nos incorporemos al Alarde en una compañía propia. Nosotras aceptamos, pero las diecinueve compañías que componen el resto del Alarde optan por hacer otro recorrido para no salir con nosotras.
En los Alardes de 1998 (en junio en Irun y en septiembre en Hondarribia) contamos ya con las dos sentencias que reconocen nuestro derecho. Sentencias que al afectar a derechos fundamentales son ejecutivas auque se recurran en casación.
En Irun 800 personas con un alto porcentaje, más de la mitad, de mujeres y mucha gente joven se proponen incorporarse al Alarde apoyando a las mujeres, pero sucede que los 8.000 hombres que hasta entonces desfilaban en el Alarde deciden organizar otro Alarde al margen de la institución municipal, un Alarde -pretendidamente- privado y de facto discriminatorio, que consiguen hacer discurrir por las calles de la ciudad, acogiéndose al derecho de reunión y manifestación y obteniendo así el visto bueno del Departamento de Interior. De esta manera desde el año 1998 se celebran anualmente dos Alarde en Irun, uno municipal, público y no discriminatorio, y otro pretendidamente privado y discriminatorio.
Esto nos conduce a abrir nuevas vías judiciales, como la civil en contra de la organización privada y discriminatoria del Alarde. Tal vía sigue abierta. Hasta la fecha existe ya un pronunciamiento judicial civil, declarando la incompetencia de dicho orden jurisdiccional y remitiendo el asunto a la vía contencioso-administrativa, es decir considerando el inherente e inmodificable carácter público de un evento que discurre por las calles de la ciudad.
Al margen de esta vía judicial, en Irun la situación no ha cambiado mucho desde esa fecha. En la actualidad se siguen celebrando los dos Alardes.
En Hondarribia, el Ayuntamiento, a la vista de la sentencia que obliga a la incorporación igualitaria de las mujeres en el Alarde municipal, el Ayuntamiento (PNV) decide dejar de organizar el Alarde para dejar que lo hagan los "tradicionalistas” también de manera pretendidamente privada y naturalmente discriminatoria, al amparo del derecho de manifestación y con la cobertura de una Fundación creada al efecto y que no logra obtener la inscripción registral ni en el País Vasco ni en Navarra, por tener fines manifiestamente ilegales y discriminatorios. De esta manera en Hondarribia creamos una compañía mixta de hombres y mujeres (compañía Jaizkibel) que anualmente intenta incorporarse frustradamente al Alarde, por la connivencia del Departamento de Interior y el Ayuntamiento (ambos PNV), cuestión que nos lleva a tener que iniciar pleitos también contra el Departamento de Interior, habiendo obtenido hasta la fecha otra sentencia favorable del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco que obliga a este Departamento a posibilitar la entrada de las mujeres en el Alarde. La sentencia ha sido recurrida en casación ante el Tribunal Supremo, y el pasado septiembre, a pesar de la misma, la Compañía Jaizkibel no logró la incorporación al Alarde porque cientos de personas taponaron esta entrada, sin que la Ertzaintza hiciera otra cosa que detenciones encaminadas a imponer multas (que esperamos se hagan efectivas), sin intervenir de ningún modo para lograr nuestra efectiva incorporación abriéndonos paso.
Esta sería una sintética cronología de los hechos. Trataremos de exponer seguidamente las reflexiones más importantes, que a nuestro juicio, sugiere este conflicto (el más importante en estas localidades en la historia reciente):
2. Razones que esgrimen quienes se oponen a la participación igualitaria de las mujeres en los Alardes
Las razones que dan quienes se oponen a la participación de las mujeres en esta fiesta son:
∑ La tradición se rompe si participan las mujeres, porque históricamente siempre se ha celebrado sin mujeres.
∑ Las mujeres ya están representadas en el papel de la cantinera.
∑ Es una mayoría la que se opone a nuestra participación.
En nuestra opinión:
-La tradición no es un fósil que permanece sin cambios a lo largo de los tiempos, al contrario, nos parece que es una condición para su mantenimiento la capacidad para adaptarse a los tiempos nuevos. Además se falsea la historia cuando se pretende que al ser el Alarde una rememoración de hechos en los que la mujer no participó, ésta no puede salir en el Alarde. Numerosos documentos avalan que las mujeres, tanto las de Irun como las de Hondarribia, tuvieron un papel decisivo en el desarrollo de estos hechos, pero una vez más se escamotea la historia de las mujeres cuando éstas no encajan bien con el papel de mujer abnegada, frágil, que nos tienen asignado. La mujer valiente, arriesgada, con arrojo e iniciativa ha sido borrada de la historia o silenciada como en tantas ocasiones.
-Las cantineras: No se puede plantear que ya estamos representadas o participamos las mujeres a través de las cantineras. La participación no es abierta a todas las que quieren participar, el número es reducido y además son elegidas por los hombres con criterios selectivos. Por otra parte, la cantinera cumple un papel decorativo, de auxilio a los hombres. Esta figura es una anacronía totalmente contradictoria con el pensamiento actual. Por ello nosotras reivindicamos que las mujeres que quieren participar en esta fiesta puedan hacerlo en cualquier papel dentro de esta representación, sin estar reducidas al de cantinera.
-Las mayorías y minorías: Es cierto que es una amplia mayoría de la población la que se pronuncia en contra de la participación de las mujeres. Pero los sistemas democráticos no se legitiman únicamente por el juego de las mayorías y minorías, también fundan su esencia en la salvaguarda de una serie de derechos fundamentales que están expresamente sustraídos del juego de las mayorías y cuya preservación es el único medio para garantizar que las minorías sociales tengan derecho a existir y ser consideradas ciudadanas de pleno derecho.
3. Significado de nuestra reivindicación
¿Por qué hemos dado tanta importancia a una demanda que vista desde fuera no tiene demasiado interés aparente?
Nos parece importantísimo el valor de lo simbólico y de la fiesta en la interiorización de los roles. El Alarde es una representación perfecta del papel que socialmente tiene asignado cada sexo:
Los hombres participando en la fiesta desde dentro, haciéndose dueños de la calle, el espacio público por excelencia, desfilando entre los aplausos de las mujeres que desde las aceras los ven pasar, participando sin otro requisito que vestir la ropa que exige la representación.
Las mujeres relegadas a la función bien de meras espectadoras de la fiesta (halagando y animando con sus aplausos a los hombres), o de cantineras, posibilidad altamente remota, si tenemos en cuenta el número tan pequeño, con lo que ello conlleva además de ser elegidas por los hombres sobre la base de los atributos más ‘femeninos’, belleza, simpatía, etc.
La incidencia del Alarde en la creación de valores que se transmiten intergeneracionalmente es grande y el orden social, el universo de valores que cala de año en año en los niños y niñas es nítidamente sexista y responde al orden patriarcal.
Desde el feminismo llevamos mucho tiempo peleando para que las personas puedan desarrollar sus capacidades independientemente de que nazcan hombres o mujeres. Para que lo público no sea patrimonio de los hombres y lo privado cosa de mujeres, para conseguir personas libres y con capacidades polivalentes independientemente de su sexo.
También desde la escuela se trabaja para romper con los papeles y estereotipos que se adjudican a hombres y mujeres. Así como para que en los contenidos tengan un lugar relevante valores como la igualdad y no discriminación por razón de sexo, raza, religión...
Entendemos que lo que está en juego es el status de ciudadanía para las mujeres, una persona sólo se realiza como ciudadana cuando puede ejercer sus derechos en el terreno de lo público y aquí no cabe hacer excepciones, basta con que una mujer quiera desfilar en el Alarde, para que debamos defender su derecho a hacerlo.
También a estas alturas del conflicto lo que nos jugamos ya no es sólo el poder salir en una fiesta con un tambor o una escopeta al hombro, sino el derecho a existir de las minorías, y ser consideradas ciudadanas/os de pleno derecho en la comunidad.
Por último lo que en definitiva se reivindica es el derecho de las mujeres para acceder a una parcela de poder claramente masculina como es el Alarde, que supone para los hombres estatus, reconocimiento y prestigio social a lo largo de todo el año.
4. ¿Por qué se ha llegado a esta situación?
Nosotras éramos conscientes de que iba a haber muchas resistencias a que las cosas cambiasen, porque la gente lleva generaciones viviendo la fiesta y el Alarde de una manera determinada, y es costoso cambiar aquellos hábitos y costumbres con los que las personas se sienten identificadas y muy ligadas afectivamente. Son tradiciones que tienen un alto valor sentimental para muchos de nuestros conciudadanos. En la introducción de cambios en estos actos siempre subyace el miedo a que pierdan su esencia y no vuelvan a ser lo que eran. Especialmente cuando ese cambio viene reivindicado por un sector de la población al que se ha demonizado y estigmatizado.
En cualquier caso era fundamental que las instituciones y personas que en la comunidad tienen autoridad para crear opinión se hubiesen puesto decididamente del lado de las que estábamos siendo discriminadas. Por otra parte la presión que se ha generado en contra de las personas que se han manifestado a favor ha sido tan fuerte que ha propiciado la inhibición de amplias capas sociales intermedias que en una situación más normal hubiesen estado a favor de aceptar a las mujeres en el Alarde, pero que dado el clima de crispación generado no se han atrevido a dar la cara.
La clase política local ha fracasado en su responsabilidad de liderar un cambio en la opinión pública. No cabe duda, de que gran parte de la responsabilidad de la irracionalidad que actualmente vivimos se sitúa en los partidos políticos PSOE, PP, EA y sobre todo PNV, que en lugar de liderar este importante cambio social, ha apostado cobarde y vilmente por los votos fáciles, llegando a alimentar a la bestia fascista, en ocasiones de manera escandalosa (Alcalde de Hondarribia), y sin atreverse, en aras de un populismo exacerbado a hacer frente a una mayoría creciente, cuya forma de expresión en este conflicto ha llegado en ocasiones hasta el intento de linchamiento de personas afines a nuestra causa, pasando como algo habitual por insultos y agresiones.
5. La quiebra del sistema.
¿Y que decir del sistema en su conjunto?
El sistema se muestra incoherente cuando, a pesar de reiterados pronunciamientos judiciales (y en coherencia con los mismos, de otras instituciones como el Parlamento Vasco) en el sentido de defensa de los derechos fundamentales, estas sentencias se hacen inejecutables porque su ejecución no interesa al poder político establecido. Así, todos los respaldos formales a nuestra reivindicación no pueden materializarse, porque las propias instituciones (los dos Ayuntamientos y el Departamento de Interior) esquivan hábilmente la aplicación del Derecho que no beneficia a sus intereses políticos.
6. ¿Cuál es la realidad actual del movimiento que ha impulsado esta reivindicación?
Esta reivindicación la plantea una organización feminista pequeña pero que engloba a mujeres de distinta procedencia política e ideológica. Después del primer año surgió una organización de hombres que nos apoyaron y que se prestaron a salir con nosotras, y a dar la cara públicamente como favorables a nuestra reivindicación. A raíz de haber conseguido hacer el Alarde en Irun con 800 personas el movimiento social que se ha generado alrededor de esto se ha ampliado mucho.
Es un movimiento muy plural en lo político, no así en lo social ya que está compuesto por un sector de la población que detenta muy poco poder económico o social en la ciudad. Un movimiento que ha tenido la virtud de agrupar y aglutinar lo más progresista del pueblo con este objetivo.
Es intergeneracional. Nuestro alarde lo componen personas maduras, junto a mujeres muy jóvenes, desde los 16 años, que han tenido que pelearse en su familia primero y después en la escuela y con los amigos, su derecho a participar en esta fiesta, en una situación durísima.
Y un movimiento mixto. Hay un colectivo importante de hombres que está comprometido con nosotras en la defensa de esta reivindicación.
Valoramos enormemente el compromiso de los y las participantes por el alto coste social que supone el tomar posiciones en este tema.
7. ¿Qué consecuencias está teniendo todo esto en el pueblo?
Esto ha removido los cimientos de la sociedad de una manera que no podíamos sospechar, no ha habido una escuela, una fábrica, oficina o familia donde no se haya discutido sobre este tema. El lugar que ocupa la mujer en la sociedad, sus derechos, el papel de ésta en la fiesta, el feminismo,... ha sido motivo de debate en los medios y en el conjunto de la sociedad en los últimos cuatro años de manera permanente. Pero además se ha discutido de todo ello, no desde la generalidad o la abstracción, sino en lo concreto que tiene la aceptación de la igualdad como algo que tiene consecuencias que hay que asumir. Ha aflorado la gran distancia que hay entre lo que es el discurso en lo formal, -nadie es racista ni machista ni xenófobo-, y la falta de tolerancia cuando nos vienen a molestar o incomodar reclamando sus derechos los demás.
Han salido a la luz todos los prejuicios sobre las mujeres, las feministas, los gays, las lesbianas. Y esto ocurre a las puertas del siglo XXI, cuando se nos quiere hacer creer que la discriminación por razón de sexo es algo que pertenece al tiempo de nuestras abuelas.
Bidasoaldeko Emakumeak
(Mujeres de la Comarca del Bidasoa)