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DE ALARDES, BARCOS E IGUALDAD

 
   


Irun, 18 de noviembre de 2003
JUNTA DEL ALARDE PUBLICO DE IRUN

DE ALARDES, BARCOS E IGUALDAD
En un extenso artículo remitido al DV el pasado 9 de noviembre, seis abogados iruneses se dignan condescendientemente a comparecer ante el vulgo y tienen a bien informar a los desinformados junteros guipuzcoanos, dándole a su acto el cuasicarácter de caridad cristiana. Es comprensible esa generosidad, dado que va dirigida a unos junteros que ellos sienten como foráneos y, por consiguiente, presuntos desconocedores de las exóticas e incomprensibles particularidades para los no-iniciados -o sea, el resto del mundo- de las fiestas de unos extraños pueblos llamados Irun y Hondarribia, sitos en esa especie de finisterre vasco que es la bahía de Txingudi.

Es realmente digno de encomio que destinen algo de su valioso tiempo abogacil en informar a esos junteros sobre unas localidades en cuyo acto principal de las fiestas no tiene cabida la mujer mediante el esclarecedor y contundente argumento de que hace ciento y pico años tampoco participaba. Una pena que en su cristiano y compasivo proceder hayan olvidado añadir que, con la complicidad de sus respectivas Alcaldías, han privatizado esos actos como forma fraudulenta de eludir la definitiva sentencia judicial que les obligaba a garantizar la presencia de la mujer en sus Alardes Públicos, organizados y subvencionados desde siempre por sus respectivas corporaciones locales, no lo olvidemos.

Olvidan explicar también que, como a los prebostes políticos de turno tampoco les agradaba esa presencia obligada por sentencia de la mujer en la fiesta, renuncian maliciosamente a su relación con Alarde Público alguno y condenan al Movimiento por la No Dicriminación a una privacidad ajena a su vocación y que en absoluto desea. Todo ello en un contexto de linchamiento social hábilmente dirigido y orquestado desde la sombra y tendente a establecer dos categorías de irundarras: los betikos o ultratradicionalistas, destinatarios directos de las revelaciones de la mismísima Virgen de Guadalupe y el santo Marcial, y los otros, una especie de subciudadanía apestada que sostiene contra viento y marea que hombre y mujer deben ser sujeto de los mismos derechos, fiesta patronal incluida y que la mejor forma de conservar las tradiciones es, precisamente, adaptarlas a los tiempos que corren. Su alusión en el artículo de marras al sitio de Hondarribia de 1638 y su pretensión de ¡¡emularse a los heroicos sitiados de entonces!!, resulta impagable y debería servir por sí sola para que la ciudadanía se percate de la irracionalidad y el cerrilismo anacrónico que bulle en algunas de las cabezas -¿pensantes?- que están detrás de todo esto.

A partir de ahí y bajo esa advocación Mariana, todo es posible: instituciones como Ararteko y Emakunde son denigradas sistemáticamente y las personas que las dirigen son permanente objeto de mofa y escarnio en panfletos y pintadas anónimos e irreproducibles por su contenido; los partidos políticos y personalidades que osan pronunciarse a favor de la igualdad sufren una campaña inmisericorde y los políticos que se avienen a recibirnos y escuchar nuestros argumentos quedan ineludiblemente bajo la sospecha del peligroso virus del igualitarismo. Vayan tomando nota, pues, los dignos junteros y junteras guipuzcoanos que han tenido el atrevimiento de aprobar la proposición de marras, lo que les espera si no se desdicen a tiempo de lo aprobado y piden perdón con arrepentimiento verdadero, como ya empiezan a exigirles en sus variadas acepciones organizativas los ultras de la comarca.

Y es que, como muy acertadamente señalan los seis en su símil marítimo, defender hoy la participación de la mujer en las fiestas de estas localidades es como pescar en un barco pintado de negro, con matxapeta y a quisquilla, mientras otros -añadimos nosotros- gozan de carta blanca para pescar en el río revuelto de la indefinición legal, con flamantes pesqueros verdes adquiridos mediante fraude de ley en el mercado negro y redes pelágicas con las que esquilmar esa especie tan frágil y vulnerable llamada Igualdad.

Tomen muy bien nota, junteros del herrialde y guipuzcoanos en general, y tengan en cuenta que, a partir de ahora, el caminar al paso junto al varón, tocar el txibilito o aporrear el tambor en las fiestas de Irun y Hondarribia es considerado por los seis preclaros abogados como materia de Alta Competición y cuya práctica exigiría, en consecuencia, un esfuerzo equivalente al de bogar en las regatas de la Concha o correr en la Vuelta al País Vasco. Y, claro, si la mujer no está en condiciones de competir junto al varón en dichos eventos, ¿cómo va a poder hacerlo en las fiestas patronales?. Con sus ejemplos se retratan mejor que con cualquiera de los humildes argumentos que nosotros podamos exponer.

De todas formas, para ejemplo especialmente glorioso el de las sociedades gastronómicas (pocas ya, afortunadamente) que prohíben el acceso a la mujer. Ahí si que se han superado a la hora de establecer referentes válidos para la discriminación festiva que tan ardorosamente practican en sus/nuestros pueblos. No hace falta ser muy imaginativo para intuir la peligrosidad social de una argumentación que justifica la conculcación de derechos en base a su comisión en el ámbito privado. Siguiendo ese razonamiento, ¿podría excluirse por razones de sexo, raza o religión a las personas en colegios o clínicas privadas?. Reflexionemos sobre adónde podría conducirnos la locura de una forzada y perversa lectura del derecho de admisión llevada hasta el paroxismo discriminatorio.

En todo caso, nadie debería apoyarse en otras conculcaciones de derechos para justificar o defender las que él mismo provoca.
Confiemos en que las tremendas presiones que están sufriendo nuestras y nuestros junteros guipuzcoanos no sean tan fuertes como para hacerles quebrar sus impecables posicionamientos en la proposición no de Norma aprobada. Por si les sirve de consuelo, decirles que antes fue el propio Parlamento Vasco el que tuvo que soportar las iras de estos benditos por un posicionamiento similar.

Por último, decir a la parte mayoritaria de la Juntas Generales que aprobó la proposición, que tienen el profundo agradecimiento de una inmensa minoría de irundarras y hondarribiarras y de la gran mayoría de los habitantes del herrialde guipuzcoano, conscientes de que, más temprano que tarde, la imparable marea de igualdad entre hombres y mujeres también acabará por llegar al delta del Bidasoa. Ese día, a nuestro humilde pesquero beltza, como el color de la piel de una de las hermosas cantineras que este año han desfilado con nosotros, le habrá llegado la hora de retirarse al astillero y todas y todos zarparemos en uno nuevo y más amplio, llamado Berdintasuna.

 

 


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