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Hondarrribia vivió el Alarde con gran ambiente festivo y sin incidentes

     


EL DIARIO VASCO. AL DÍA.
Martes, 9 de septiembre de 2003

 

 

OPINIÓN (editorial)

Alarde en Hondarribia y desfile reivindicativo.

Un gran ambiente festivo y ausencia de incidentes caracterizaron la multitudinaria fiesta que vivió ayer Hondarribia. Miles de personas aplaudieron en las calles el desfile tradicional, mientras la compañía mixta Jaizkibel protagonizó un desfile reivindicativo con la protección de la Ertzaintza. La ausencia de incidentes constituye un elemento determinante para contribuir a la progresiva desactivación de un conflicto en el que los sentimientos emocionales de una inmensa mayoría de hondarribitarras colisionan con el legítimo afán de un respetable número de mujeres de disfrutar del Alarde en un plano de igualdad. Sólo desde el mutuo respeto podrá algún día llegarse a la mutua aceptación.

 

 


Jaizkibel desfila custodiada por la Ertzaintza. [J. M. López]

ALARDE DE HONDARRIBIA

La compañía mixta Jaizkibel realizó un desfile reivindicativo por las calles céntricas escoltada por la Ertzaintza. Miles de personas aplaudieron la multitudinaria marcha tradicional

ANE URDANGARIN/DV. HONDARRIBIA

Hondarribia celebró ayer la jornada grande de sus fiestas en honor a la virgen de Guadalupe en un ambiente en el que reinó la paz y la alegría festiva. El Alarde tradicional, como en los dos últimos años, discurrió por las calles de la ciudad bajo la fórmula de representación privada de un acto histórico. Los más de 4.000 componentes de las 21 unidades del Alarde tradicional, en el que la mujer participa sólo como cantinera y cuenta con el respaldo mayoritario del pueblo, desfilaron por las calles de la localidad costera a los sones del pegadizo Titi-Biliti y atronadores aplausos.

La compañía Jaizkibel, defensora de la incorporación de la mujer como soldado, renunció a intentar incorporarse al acto tradicional y celebró un desfile reivindicativo. Por primera vez, recorrió parte del itinerario del Alarde tradicional por las calles céntricas del pueblo custodiada por un amplio dispositivo de la Ertzaintza. Los integrantes de la compañía mixta desfilaron tras una pancarta en la que reclamaban «un alarde público y no discriminatorio» una vez finalizado el acto tradicional y sin que produjeran incidentes.

Mucho antes, a las ocho de la mañana, ya se dejaba oír el sonido de los pífanos por las calles hondarribiarras. Para esa hora miles de vecinos, acompañados por muchos iruneses, teñían las angostas calles del casco antiguo de rojo, blanco y negro. Algunos iban pertrechados con sus paraguas, ya que los pronósticos auguraban un día pasado por agua. Y así sucedió, sobre todo por la tarde, aunque la climatología fue al menos benévola durante la mañana.

La tropa, formada por 4.250 soldados y dividida en 21 unidades, se concentró en los jardines de Gernikako Arbola bajo el mando del burgomaestre José Mari Guruchet, que se estrenaba como máxima autoridad. Guruchet, que durante 19 años ha capitaneado la compañía Arkoll, recibió los aplausos de ánimo de sus vecinos mientras intentaba controlar al caballo que montaba. No en vano, se ha entrenado desde enero y pasó la prueba con más que un aprobado.

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Como es tradición, la escuadra de los hacheros, ataviados con sus vistosos morriones y pobladas barbas, fue la primera en arrancar cuando sonaron las nueve en las campanas de la Iglesia Nuestra Señora de la Asunción. Tras ella, marcharon hacia la plaza de Armas la Tamborrada, la banda de música, la escolta de caballería y las dieciséis compañías de infantería. La batería de artillería cerraba el desfile. El recorrido estuvo lleno de emotividad y aplausos. La mayoría, dirigidos a las veinte jóvenes cantineras, que aseguraban vivir unos de los días más importantes de su vida. Con la emoción a flor de piel, saludaban con sus abanicos a familiares y amigos, que les respondían con vítores.

Ya en la plaza de Armas, el burgomaestre ordenó las tres primeras descargas de fusilería del día. Desde allí, y bajo un intenso olor a pólvora, el desfile retomó la marcha por la calle Mayor, previa parada y salvas frente a la iglesia de la Asunción, para dirigirse a la ermita de Saindua, donde, una a una, cada compañía realizó una salva antes romper filas para subir a Guadalupe.

En las proximidades del recorrido, 20 mujeres que iban vestidas de escopeteras desplegaron una pancarta con el lema "Por un alarde público y no discriminatorio. Emakumeak alardean". Y es que para esa hora, la compañía mixta Jaizkibel ya había recogido a su cantinera y esperaba que dieran las 11.00 de la mañana, hora en la que tenía previsto iniciar su recorrido en los jardines Gernikako Arbola. No obstante, los miembros de Jaizkibel tuvieron que esperar hasta que finalizara el Alarde tradicional y las miles de personas del público abandonaran la zona para dirigirse hasta el punto de partida. Mientras tanto, la compañía, compuesta por cerca de 80 integrantes, permaneció escoltada por por numerosos ertzainas y entre aplausos de apoyo de un centenar de personas, entre ellas, la directora de Emakunde, Txaro Arteaga, y la Ararteko en funciones, Mertxe Agúndez.

El desfile-manifestación de la compañía mixta, que contaba con la autorización del Departamento de Interior, se inició a las 11.30 horas. La pancarta reivindicativa encabezó en todo momento la marcha que, tras efectuar una descarga en la plaza de Armas, continuó hasta llegar a la populosa calle de San Pedro, donde los aplausos se mezclaron con algunos pitidos y abucheos de los defensores del Alarde tradicional. El desfile finalizó en la rotonda de San Cristóbal, donde sonó Zapatero.

 

 

 

IXABEL ALKAIN COMPAÑÍA JAIZKIBEL

«Hemos dado un paso muy grande »

Minutos después de que finalizara el desfile-manifestación de la compañía Jaizkibel su capitana, Ixabel Alkain, aseguró que el hecho de que desfilaran por primera vez por algunas calles que recorre el Alarde tradicional supone «un paso muy grande» y un «punto de inflexión», tras otras ediciones en las que, según dijo, han sido «golpeadas, secuestradas y linchadas, con el beneplácito del Ayuntamiento y de las instituciones». Para Alkain y su compañía el de ayer fue «un día muy especial» y «el principio del fin», aunque reconoció que el camino para lograr la participación de las mujeres en el Alarde será «largo».

A su juicio, «ahora es la hora de que los políticos empiecen de verdad a trabajar», y recordó una sentencia del Tribunal Supremo que decía al Ayuntamiento que «aunque no tenga la obligación de organizar un Alarde, tenía que impulsar y trabajar para que hubiera un Alarde público y no discriminatorio


BORJA JAUREGI ALCALDE DE HONDARRIBIA

«La sensación es de sosiego y tranquilidad»

Tras descender por la calle Mayor desfilando junto con el resto de la corporación municipales, y antes de tomar el autobús en la Alameda en dirección al santuario de Guadalupe, el alcalde Borja Jauregi realizaba un balance del Alarde que, en su opinión, discurrió «en tranquilidad absoluta. El año pasado también salió muy bien. La sensación que se tiene es la de tranquilidad y sosiego permanente». En referencia a la manifestación organizada por la compañía Jaizkibel una vez terminado el desfile matutino del Alarde tradicional, Jauregi señaló que «todo el mundo tiene derecho a expresar su opinión, eso es algo elemental en un sistema democrático. Hay que respetarse mutuamente. La calle pertenece a todos y hay que saber utilizarla de manera pacífica y coordinada para vivir el día 8 de septiembre». Y así sucedió en el día grande de los hondarribiarras, que sólo empañó la lluvia vespertina.

 
 


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