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Reflexiones sobre la celebración del Alarde de San Marcial

 

 

Iglesia católica de la Comarca del Bajo Bidasoa.
El presbiterio de Irun Hondarribia

Marzo de 2000

 

 

 

 

1.- El "Alarde de San Marcial" cuyo origen histórico parece remontarse a la "Muestras de Armas y Revistas de Gentes de las Milicias Forales" ha venido celebrándose durante siglos en nuestra Ciudad. En el transcurso del tiempo ha experimentado diversos cambios en el modo de realizarse, tanto por la incorporación del voto de la Ciudad por la victoria de l522, como por la agregación de nuevos elementos según el criterio y los gustos de los diversos momentos históricos de su existencia.

2.- Este complejo fenómeno histórico · cultural ha estado profundamente enraizado en el pueblo irunés, al que debe considerarse como el sujeto dinamizador y creador de su configuración histórica, a la vez que como el inspirador del espíritu popular que lo anima. Sin ellos el Alarde se hubiera convertido en un efímero festejo que hace tiempo habría desaparecido.

3.- El peso de una historia ininterrumpida, unido a ese espíritu popular, ha hecho del "Alarde de San Marcial" un fenómeno social, capaz de aglutinar a gentes de ideologías, opiniones y sentimientos muy diferentes, a la vez que para dar a la ciudad de Irun una peculiaridad propia de la que ella se siente orgullosa y que, en modo alguno, está dispuesta a perder.

4.- Recientemente, sin embargo, la innovación que se ha querido introducir en el modo de celebrar el Alarde, consistente en la participación de las mujeres como soldados, hasta ahora reservada a los varones, ha dado origen a múltiples reacciones a causa de la oposición mayoritaria a tal innovación. Al clima popular de fiesta pacíficamente compartida por todos, han sustituido la división, los enfrentamientos, las agresiones verbales e incluso reales, las mutuas acusaciones. En definitiva, formas de actuar directamente contrarias a los "valores" populares que el Alarde venía manifestando y promoviendo desde siglos pasados

5.- No son pocos los que ante esta realidad han mostrado el deseo expreso de que los responsables de la Iglesia pronunciásemos una palabra ante esta situación y estos hechos que vienen repitiéndose desde hace ya algunos años. No hemos querido ser indiferentes ante esta petición. De hecho, el mes de junio de l998, hace pues, dos años, dimos una nota para ser leída en todas las Eucaristías celebradas en el Arciprestazgo. Entendemos también ahora que una intervención de parte de la Iglesia, no tiene por qué estar fuera de lugar, con tal de que ella no vaya más allá de lo que es la misión propia de la Iglesia al servicio de los valores evangélicos que ha de anunciar, no sólo en el orden genérico de los principios sino también de sus aplicaciones prácticas, y responda al servicio del pueblo cuyo bien ha de promover, con el debido respeto a las libres opiniones y opciones que al mismo le corresponde tomar no le pidáis, pues, a ella soluciones ni juicios que no le corresponde definir.

6.- Se da, además, la circunstancia de que entre los actos del desarrollo dei Alarde, está también desde hace micho tiempo, la celebración de actos religiosos y, en especial, de fa Eucaristía, que en el clima de división y de enfrentamiento a los que arriba nos referíamos, no deja de planteamos serios problemas sobre el modo de su celebración e incluso de su misma conveniencia y oportunidad.

7.- Desde esta nuestra voluntad de servicio al Evangelio y al pueblo, hemos de deciros con toda firmeza que tenemos que aceptar que en las relaciones sociales entre las personas y entre los grupos, es normal que surjan tensiones e incluso conflictos nacidos de la contraposición de las ideas, opiniones e intereses diferentes. Pero hemos de decir también que el respeto debido a las personas y a sus derechos más fundamentales exige que en la superación de las tensiones y en la solución de los conflictos se busquen caminos distintos a la violencia, por la vía del diálogo respetuoso, de la racionalización y la verdad objetiva, y del amor mutuo, que han de estar en fa base de los comportamientos auténticamente humanos y también cristianos. Por la vía de la violencia no se asegura la victoria de la razón sino la mera imposición del más poderoso que, por si misma no asegura un futuro duradero de entendimiento y armónica convivencia. Con la violencia nadie saldrá beneficiado, ni las personas ni el pueblo.

8.- Queremos deciros que amamos al pueblo de Irún tanto como para sufrir por el deterioro y la pérdida de los bienes históricoculturales y de los valores sociales que están vinculados a una pacífica celebración del Alarde. En él se hace presente una corriente histórica de vida social que elaboraron nuestros mayores y que nosotros no tenemos derecho a estropear, impedir o aniquilar. Os pedimos que con el mismo aprecio y estima lo tengáis también vosotros y que desde ellos situéis en su verdadero lugar y juzguéis las mutuas acusaciones y atribuciones de culpabilidades que mutuamente os hacéis. No dejéis de valorar con la honestidad de la propia verdad qué es lo que buscáis y cuál es el objetivo que perseguís a través de tanta firmeza y dureza en el mantenimiento de las propias posiciones que impiden una armónica convivencia.

9.- En la búsqueda de lo que haya de considerarse más conforme a la verdad o más próximo a una solución razonable, no convirtáis, movidos por el propio interés, en algo dogmático y absolutamente cierto lo que no pasa de ser una media verdad o una opción más o menos fundada. Así, de la innegable y fundamental igualdad del hombre y la mujer en su dignidad personal, en la convivencia cívicosocial y en el ordenamiento jurídico, no saquéis la conclusión de la necesaria igualdad en el modo en que las mujeres han de participar en el Alarde, respecto de los varones. Igualmente, de la afirmación del innegable carácter histórico de las referencias fundantes del Alarde, no pretendáis sacar la conclusión de una intangibilidad del supuesto modo "tradicional" de celebrarlo que, por otra parte, sería contrario precisamente a su propio carácter histórico, sometido, por ello mismo, a la evolución y al cambio.

10.- El dogmatismo que lleva a mantener con rigidez posiciones discutibles conduce fácilmente al voluntarismo de afirmar por el sentimiento y la intransigencia, lo que somos incapaces de defender con razones. De esta manera las posiciones se enardecen, las posturas se hacen más distantes y más remota la posibilidad de llegar a un entendimiento compartido. De ahí a la violencia de las palabras e incluso de los actos, hay poca distancia. A la persuasión de la verdad sustituye la imposición de la fuerza. De una discusión así, no puede salir la luz, sino la imposición lograda sobre el adversario derrotado aunque no persuadido.

11.- El "Alarde de San Marcial" es el resultado de una creación y participación popular que le ha dado consistencia a lo largo de su historia, a pesar de las mutaciones más o menos importantes que en el mismo se han dado. El entendimiento y consentimiento popular han sido, sin duda alguna, razones básicas de su arraigo y permanencia. Por el bien del Alarde y del mismo pueblo de Irun es necesario recuperar esa unidad popular, aceptando las renuncias razonables que la misma pueda exigir, tras la deliberación dialogal consensuada. No será inútil el tiempo y el esfuerzo que en la misma se haya de gastar para lograr la unidad que nunca se debería haber roto. Ello será mejor, en todo caso, que la cristalización de la división en una pluralidad de "alardes" que, por otra parte, difícilmente podría impedirse al ser auto de la libertad de actuación que, en el ejercicio de la libertad individual y grupal, debe respetarse en una sociedad que a sí misma se define como democrática.

12.- Finalmente queremos manifestar también nuestro criterio definido tras una madura reflexión, sobre la celebración de la Eucaristía incorporada al Alarde, por el voto cívicoreligioso hecho tras la victoria del año 1522. Entendemos que, por su misma naturaleza, la Eucaristía no debe ser un factor que fomente y ahonde las divisiones y los enfrentamientos sociales. Mucho menos, si por causa de los mismos, se llega a formas de agresiones verbales y aun físicas que son, en si mismas, contrarias al amor y a la reconciliación que ella debe expresar y consolidar. La Eucaristía exige, para su celebración, unas condiciones mínimamente coherentes con lo que ella ha de ser y ha de significar. El desarrollo futuro de los acontecimientos habrá de condicionar la decisión oportuna que, quienes somos responsables de su celebración, en su momento habremos de tomar.

13.- Estas son, queridos iruneses, las reflexiones que a todos los ciudadanos y, en especial a cuantos os sentís cristianos, hemos querido comunicaros como exigencia de nuestra misión pastoral, para responder a la demanda que hemos recibido de muchos de vosotros y para ofreceros lo que creemos que puede ser por nuestra parte una colaboración que ayude al recto planteamiento y solución de un problema de notable importancia para nuestro pueblo. Os pedimos que, recibáis al menos lo que os decimos, con el mismo espíritu con que hemos querido decirlo.

El presbiterio de Irun Hondarribia

Marzo de 2000

 

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