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Amaia Lorea se nos ha ido justo cuando se atisbaban
las primeras luces del alba, tras la larga noche discriminatoria de los
Alardes de Irun y Hondarribia.
A pesar de su grave enfermedad y realizando un esfuerzo
sobrehumano, todavía pudo participar en los prolegómenos
del gran día irunés, pero su físico menudo ya acusaba
ostensiblemente el terrible impacto de la quimioterapia. Desgraciadamente,
la Diana especial que le dedicamos el pasado 30 de junio frente a su domicilio
ha acabado por tener el carácter de despedida del que renegábamos
en la Junta del Alarde Público de Irun, aún a sabiendas
de la gravedad de su dolencia.
Se ha ido, pero con la imagen reciente de la Compañía Jaizkibel
grabada en la retina, desfilando por el Casco Viejo de Hondarribia entre
aplausos y sin incidentes. Vamos a echar de menos el sonido de su redoble,
pero más todavía su innata tozudez y el optimismo existencial
que destilaba por todos sus poros cuando las cosas se torcían y
a otros se nos venía el mundo encima.
Como a Amaia le encantaba tocar el redoble, estoy seguro que de que en
el liviano equipaje que permite la tarjeta de embarque de Caronte se habrá
escurrido el tambor de marras. Confiemos en que en "la otra orilla"
no exista discriminación alguna. Y si la hay, que se vayan preparando,
porque Amaia va para allí tocando su redoble.
15 de octubre de 2003
XABIER PEREZ HERRERO -IRUN
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