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Oquiñena renuncia a ser Ararteko por negarse a nombrar como adjunto al socialista Buen

 
   

DIARIO VASCO.-
Miércoles 10 de Abril de 2002

El abogado guipuzcoano Joaquín Oquiñena, elegido hace dos semanas Ararteko, anunció ayer que no tomará posesión de su cargo. En un escrito remitido al presidente del Parlamento Vasco, Juan María Atutxa, Oquiñena justificó su renuncia por «el grave problema de conciencia» planteado a raíz de su negativa a nombrar al candidato socialistas Alberto Buen como su adjunto y su deseo de «no ser objeto de controversia ni desleal» con el PSE-EE, que facilitó su elección. Tanto populares como socialistas habían criticado a Oquiñena por unas recientes declaraciones que, en su opinión, reflejaban su marcado perfil nacionalista. BELEN BARRIO. /DV. VITORIA

Dos semanas después de ser elegido Ararteko por el Parlamento Vasco, con el respaldo del tripartito PNV, EA e IU, y los votos del PSE-EE, y dos días antes de tomar posesión del cargo, Oquiñena anunció ayer por sorpresa la renuncia al cargo. En un escrito remitido ayer a las 14.00 horas a Juan María Atutxa, presidente de la Cámara, Oquiñena justificó su decisión por «no querer asumir el el grave problema de conciencia», planteado a raíz de su negativa al nombramiento de Alberto Buen, alcalde de Irún, como su adjunto.

El candidato del PSE-EE al cargo de adjunto había sido cuestionado tanto por el Ararteko como por el tripartito. Los argumentos contrarios a Buen se centraban en su marcado perfil político y en su actuación en el Alarde de Irún que, según el tripartito, «desoyó» las recomendaciones del Ararteko.

La negativa de Oquiñena a nombrar a Buen como su adjunto provocó un significativo enfrentamiento entre socialistas y el tripartito. El PSE-EE acusó a los partidos del gobierno de «deslealtad» y recordó que el Ararteko había sido elegido por el Parlamento Vasco gracias al respaldo de los socialistas, a cambio del cargo de adjunto. El tripartito pidió por escrito al PSE-EE que presentara otro candidato pero se encontró con la negativa frontal de los socialistas que cerraron filas en torno a Buen. Además, advirtieron a PNV, EA e IU que si no cumplían lo pactado «tendría consecuencias políticas graves» en sus relaciones con el tripartito y con el Gobierno Vasco.

Dada la dificultad de alcanzar un acuerdo al respecto, escasas horas antes de conocerse la renuncia al cargo por parte de Oquiñena, el tripartito abogaba por dejar vacante el cargo de adjunto, un extremo que los socialistas descartaron por entender que la ley del Ararteko obliga a ocupar este puesto. En cualquier caso, PNV, EA e IU argumentaban que el citado cargo está vacante desde septiembre de 2000, cuando la entonces adjunta Mertxe Agúndez tuvo que sustituir a Markiegi al frente de la institución.

A media tarde, Atutxa anunció al decisión de Oquiñena y leyó el escrito de renuncia remitido a la Cámara, en el que consideró que «no puedo ni debo ser objeto de controversia, ni desleal con quienes me concedieron su voto, sometido, según dicen, a unas condiciones que, en ningún caso acepté, pero me vinculan moralmente». Como hasta el viernes no estaba prevista la toma de posesión de su cargo, Oquiñena decidió no acudir al acto y dejar sin efecto el nombramiento.

Las polémicas declaraciones de Oquiñena constituyen el trasfondo de la polémica. El PP y el PSE-EE habían criticado los pronunciamientos realizados en varias entrevistas por el recién elegido Ararteko referentes a la situación del País Vasco y ambos partidos preparaban una dura oposición a la primera comparecencia de Oquiñena en el Parlamento Vasco. A lo largo de las citadas entrevistas, consideró que «convivir en el País Vasco exige dialogar y ceder», que el nombramiento de Enrique Múgica como Defensor del Pueblo es «un fraude de ley» por su conocida trayectoria política en el PSOE.

El PP admitió ayer su «alegría y satisfacción» por la renuncia de Oquiñena por entender que «iba a ser un defensor de los nacionalistas y no de todos los vascos». Su presidente en el País Vasco, Carlos Iturgaiz, había mostrado su malestar por «la exquisita equidistancia que establecía entre víctimas y verdugos», al destacar el sufrimiento tanto de las víctimas del terrorismo como de los familiares de los presos.

El PSE-EE dijo respetar la decisión de Oquiñena. Los socialistas habían anunciado su intención de exigir a Oquiñena «una rectificación» y subrayó que el Ararteko debe ponerse «sin ninguna ambigüedad al lado de las víctimas y a favor de la libertad y los derechos de los amenazados».

Vuelta a la provisionalidad

La renuncia de Oquiñena supone la vuelta a la provisionalidad del gobierno de la institución. El tripartito deberá volver a proponer otro candidato para el cargo de Ararteko y Mertxe Agúndez continuará previsiblemente en el cargo, hasta que el Parlamento Vasco designe un nuevo defensor del pueblo. La que fuera adjunta bajo el mandato de Xabier Markiegi gobierna en funciones esta institución desde hace casi dos años. En septiembre de 2000 Markiegi tuvo que abandonar su cargo al no ser reelegido por el Parlamento y ante la ausencia de un candidato que concitara el suficiente respaldo de la Cámara, la adjunta se puso al frente de la institución.

La elección del defensor del pueblo vasco es siempre complicada al requerir el respaldo de los tres quintos de la Cámara, es decir, 45 de los 75 parlamentarios vascos. Esta mayoría cualificada implica el necesario respaldo de uno de los dos grupos de peso de la oposición al candidato propuesto por el Gobierno Vasco. La primera polémica se produjo en 1994 cuando, nacionalistas y socialistas se vieron obligados a renunciar a su candidato Xabier Markiegi porque el PP le retiró su respaldo. Se trataba de elegir al segundo Ararteko, en sustitución de Juan San Martín. Markiegi tuvo que esperar ocho meses a ser elegido. Tras cinco años en el cargo, su reelección fue rechazada por la Cámara en junio de 2000 porque el PSE le retiró su apoyo.

 

 


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