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ALARDE Y EDUCACIÓN

 
   

Gorka Moreno *
Irun, 1 de julio de 2002

Puede que para mucha gente el conflicto del alarde sea algo que se ha convertido ya en algo pesado y hasta insoportable estos últimos años, pero día tras día nos encontramos con situaciones y aspectos que por lo menos a mi no dejan de sorprenderme, y que al mismo tiempo muestran en toda su crudeza las raíces del conflicto.

Quiero hablar del serio problema que sobre este tema nos plantea la educación y para ello voy a describir un par de hechos acontecidos durante estas fiestas en torno al alarde de San Marcial.
Dos o tres días antes del alarde de este año en un programa televisivo una defensora del "alarde tradicional" ante la pregunta de la periodista en la que le instaba a explicar por qué su hijo sí podía salir en el alarde y su hija no, ella respondía que era una cuestión de educación y que si se les había dado una correcta educación él sabría que tiene que salir con el tambor y ella de cantinera.

La afirmación me resulta realmente impactante y lapidaria, y manifiesta de forma atroz la visión de una muy importante parte de la ciudadanía irunesa. Una pequeña apreciación a realizar es que su hijo sí podrá salir de tambor si quiere, su hija no lo tendrá tan fácil para salir de cantinera. Salen 19 cantineras al año y por lo tanto no todas las chicas pueden salir de cantinera, a no ser que propongamos una cantidad indefinida de cantinera, pero creo que no van por ahí los tiros.
Aunque parezca mentira parece ser que el problema en Irún (y en Hondarribia también) es que cierta gente no ha sido "bien educada". Parece que un segmento de irunesas e iruneses han tenido una educación deficiente e incorrecta y que por ello no logran vislumbrar la verdad y la esencia invariable del alarde. Un grupo de pobres descarriados, de enfermos mentales para los que su vida ha quedado para siempre mutilada.
Ante esta situación no sé cuál será la propuesta que realiza esta señora, pero por el tono de su afirmación por mi cabeza pasan ideas tales como la creación de centros de reeducación a lo Pol Pot en la que expertos y visionarios en educación darán clases magistrales sobre el alarde para los pobres desheredados que perdieron el camino hacia la verdad. No quiero ni pensar que ocurrirá con quien no consiga volver a la senda adecuada, con quien siga manteniendo ideas anómalas y enfermizas, ideas que propugnan una educación basada en la igualdad y en valores cívicos.

Pero este no es el único acontecimiento que pude presenciar durante estas fiestas. El mismo día 30 presencié in situ un dramático ejemplo del problema que existe. En el momento en el que la compañía Oiasso estaba siendo sacada de la calle en la que se encontraba, alrededor había partidarias y partidarios del alarde tradicional, y entre ellos una madre y un niño viendo una tensa y dura situación. En ese momento el niño le dijo a su madre sollozando que quería irse y que tenía miedo. Y ante esto la madre le respondió para asombro y estupefacción mía que "esas" eran malas y que por eso estaban siendo arrastradas por la policía, y que lo tenían que ver. Pero la cosa no queda aquí, al rato esta señora le dice a la de al lado que esté tranquila que ella es madre y profesora también.
Esto que he descrito de manera breve es totalmente verídico y muestra realmente qué algo grave pasa en Irún. Un niño está histérico por la situación y su madre le obliga a quedarse, digo yo que sería la clase práctica de buena educación para que en el futuro toque el tambor.

Parece increíble pero esto es lo que está ocurriendo en Irún, se está glorificando la discriminación sistemática en la fiesta y se está inculcando desde muy joven a las niñas y a los niños el odio y el desprecio.
Padres y madres, pero también profesores y profesoras están en Irún promoviendo una cruzada evangélica en pro de la discriminación, de la rabia y del resentimiento. En algunos colegios desde las aulas se está loando sistemáticamente la discriminación de forma que se está rozando en ciertos casos lo inmoral.

Estos ejemplo muestran en toda su dureza el enquistamiento del problema, que además no parece que tenga una pronta solución. Nos encontramos ante un problema que hunde sus raíces hasta el centro de la socialización y la educación, y que por ello hace más difícil aún su remedio.
El odio se inyecta a las nuevas generaciones desde temprana edad, nos encontramos ante un verdadero problema estructural, un problema de convivencia al que la clase política no está dando una respuesta adecuada.

Una sociedad en la que una madre obliga a presenciar a su hijo una acción policial en la que se dan situaciones tensas y desagradables y nadie de los que están alrededor de ella le dicen nada, y además creen que está haciendo lo adecuado, está enferma. La sociedad irunesa está enferma y la solución nunca será seguir extendiendo la semilla del rencor y promover una educación discriminatoria basada en el rencor.

* Licenciado en Ciencias Políticas, doctorando en Sociología y participante en la compañia Oiasso de Irun.

 


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