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ALARDE Y EDUCACIÓN |
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Gorka Moreno * Puede que para mucha gente el conflicto del alarde sea algo que se ha convertido ya en algo pesado y hasta insoportable estos últimos años, pero día tras día nos encontramos con situaciones y aspectos que por lo menos a mi no dejan de sorprenderme, y que al mismo tiempo muestran en toda su crudeza las raíces del conflicto. Quiero hablar del serio problema que sobre este tema nos plantea la
educación y para ello voy a describir un par de hechos acontecidos
durante estas fiestas en torno al alarde de San Marcial. La afirmación me resulta realmente impactante y lapidaria, y
manifiesta de forma atroz la visión de una muy importante parte
de la ciudadanía irunesa. Una pequeña apreciación
a realizar es que su hijo sí podrá salir de tambor si quiere,
su hija no lo tendrá tan fácil para salir de cantinera.
Salen 19 cantineras al año y por lo tanto no todas las chicas pueden
salir de cantinera, a no ser que propongamos una cantidad indefinida de
cantinera, pero creo que no van por ahí los tiros. Pero este no es el único acontecimiento que pude presenciar durante
estas fiestas. El mismo día 30 presencié in situ un dramático
ejemplo del problema que existe. En el momento en el que la compañía
Oiasso estaba siendo sacada de la calle en la que se encontraba, alrededor
había partidarias y partidarios del alarde tradicional, y entre
ellos una madre y un niño viendo una tensa y dura situación.
En ese momento el niño le dijo a su madre sollozando que quería
irse y que tenía miedo. Y ante esto la madre le respondió
para asombro y estupefacción mía que "esas" eran
malas y que por eso estaban siendo arrastradas por la policía,
y que lo tenían que ver. Pero la cosa no queda aquí, al
rato esta señora le dice a la de al lado que esté tranquila
que ella es madre y profesora también. Parece increíble pero esto es lo que está ocurriendo en
Irún, se está glorificando la discriminación sistemática
en la fiesta y se está inculcando desde muy joven a las niñas
y a los niños el odio y el desprecio. Estos ejemplo muestran en toda su dureza el enquistamiento del problema,
que además no parece que tenga una pronta solución. Nos
encontramos ante un problema que hunde sus raíces hasta el centro
de la socialización y la educación, y que por ello hace
más difícil aún su remedio. Una sociedad en la que una madre obliga a presenciar a su hijo una acción policial en la que se dan situaciones tensas y desagradables y nadie de los que están alrededor de ella le dicen nada, y además creen que está haciendo lo adecuado, está enferma. La sociedad irunesa está enferma y la solución nunca será seguir extendiendo la semilla del rencor y promover una educación discriminatoria basada en el rencor. * Licenciado en Ciencias Políticas, doctorando en Sociología y participante en la compañia Oiasso de Irun. |
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