Volver a Página Principal
 

El Alarde de San Marcial

 
   

Egin.- 1995 Ekaina. 29 osteguna

Antonio ARANBURU / Historiador

Iba a decir que nuestro Alarde es un gran desconocido en la provincia. Mas entiendo, que más que desconocido, es increíblemente tergiversado. Trataremos de aclarar conceptos, y no tengo inconveniente en contrastar opiniones con quien guste. Creo que fue la tarde de San Pedro de 1980 cuando, en una manifestación de Rentería, un coche de la Policía atropelló y mató a una señora, entrando, además, por dirección prohibida.

Se habló de suspender el Alarde. Aquella madrugada del 30 de junio hubo debates y discusiones al respecto, donde no faltó el osado que, subido a un tablado, dogmatizó diciendo que "el Alarde es una fiesta fascista inventada en 1522". Tampoco han faltado voces asegurando que el Alarde de San Marcial se conmemora para celebrar la derrota de los navarros, que venían a luchar por la independencia del viejo Reyno. Nada de esto es cierto. Respecto a la "fiesta fascista de 1522", es tal la ignorancia del osado que la dijo que no merece comentario.

Respecto de que si la batalla reñida en la madrugada de 1522 en la antigua Peña de Aldabe fue o no contra los intereses de los navarros no dispongo de los datos necesarios ni para afirmarlo ni para negarlo. Recuerdo que hace ya algunos años se dio esta polémica desde la prensa, entre un señor que firmaba con iniciales y un tal Recarte. Este último aseguraba haber sido contra los navarros, negándolo su contrincante, que con razones y argumentos históricos cerró el debate.

Nuestro romántico Bidasoa es un río que debe de unir a un mismo pueblo: el pueblo euskaldun. Acontecimientos históricos no muy gratos para nuestro pueblo nos han situado a Irun en una frontera artificial -pero frontera-, tocándonos sufrir todas las consecuencias de esta situación. En septiembre de 1521, el ejército francés, al objeto de ocupar Fuenterrabía, asoló Irun, y de tal forma que sus habitantes hubieron de huir a las montañas. El 8 de diciembre de este año de 1521, 2.025 irundarras reunidos ante la ermita de Andrearriaga, en Oiartzun, redactan un largo documento exponiendo su trágica situación. Aseguran que el ejército francés ha consumido toda la cosecha de trigo, mijo, sidra y castañas, destruido sus casas, apoderado de las prendas de vestir, talando los árboles frutales y no frutales. El ganado ha quedado en cuadro, y aseguran, "que morimos de hambre con nuestras mujeres e hijos".

Llega a tales grados la indigencia de aquellos lejanos antepasados nuestros que, previa certificación, el corregidor les entrega tres celemines de trigo por persona, para hacer frente a las necesidades más perentorias, y proceder a la siembra de una próxima y esperanzadora cosecha.

Cuando aún ésta -su única esperanza de subsistencia- no ha madurado, nuevamente, otro ejército cruza el Bidasoa el 28 de junio de 1522. Sobra exponer el ardor y el coraje con que los irundarras defienden su tierra y su pan y el de los suyos. Y vayamos ahora, con detenimiento, a analizar los orígenes del Alarde de San Marcial. Se dice, que tras de aquella victoria, el pueblo de Irun realizó la promesa de subir todos los años en procesión a aquellas alturas en que se libró el combate. Es cierto que no queda constancia de este voto, mas tampoco sorprende teniendo en cuenta los conceptos religiosos de la época.

El capitán general de Gipuzkoa comenzó a edificar una ermita en aquel lugar, de la advocación de San Marcial por ser el santo correspondiente al 30 de junio. El pueblo de Irun, económicamente arruinado, sin derecho al trato y comercio, ni a edificar casas de piedra, y sumido en los eternos pleitos con Hondarribia, no pudo finalizar esta ermita hasta muchos años después, detalle desconocido en Irun, y que algún día lo explicaremos.

Estas procesiones de San Marcial eran acompañadas por un escuadrón de paisanos armados que eran quienes formaban las milicias forales, pero quede bien claro que lo hacían en todas las procesiones, y creo, -no me atrevo a hacer afirmaciones-, que en toda la provincia. Es decir, a raíz de aquella contienda, únicamente, se establece una procesión. La víspera, el día de San Pedro, tenía lugar el alarde de armas. En los demás pueblos de la provincia se pasó a hacer estos alardes de armas el segundo y tercer día de la Pascua del Espíritu Santo, en tanto a Irun se le permitió seguir con la costumbre antigua de realizarlo en San Pedro.

Estos alardes de armas se componían de todos los varones de 18 a 60 años, mandados por el alcalde, el segundo cargohabiente con la bandera de cada pueblo, y el resto de los ediles "ordenando las filas".Todos los pueblos pasaban el parte a la Diputación de haberse realizado el obligatorio alarde. Esta era la única forma en que los euskaldunes cumplían la milicia, y al mando exclusivo de la Diputación, que en caso de guerra nombraba al coronel, un hijo de la provincia.

Esta modalidad de realizar el día de San Pedro el alarde de armas y al día siguiente la procesión duró hasta 1804, en el que, para economizar, decidieron realizar en un mismo día, el 30 de junio, el alarde y la procesión. Tras la invasión de Napoleón desaparecen los alardes como tales milicias forales, y Gipuzkoa queda dividida en ocho sectores militares, con 4.662 hombres, al mando exclusivo de la Diputación. Desde entonces, en Irun, cada 30 de junio se limitan a realizar la procesión acompañados de un grupo de paisanos armados, hasta el final de la segunda guerra carlista, en que, por la ley de 21 de julio de 1876, a Araba, Gipuzkoa y Bizkaia se nos impone -se impone, no se pacta- la condición de unas provincias españolas más y el servicio militar obligatorio, con gran dolor y sentimiento del pueblo euskaldun, y a pesar de las razonadas protestas de los tres diputados.

Muchos alcaldes de la provincia prefirieron la cárcel y el destierro antes de prestarse a confeccionar las listas de los quintos para el reemplazo del ejército. El alcalde de Irun, don Salustiano de Olazabal, se extendió en consideraciones sobre los gravísimos problemas que acarrearía al país "si abandonamos la administración pública a empleados extraños al mismo", negándose a confeccionar la lista alegando, que "individuos que siendo hijos amantes del país, y tener lo poco que ya les resta en esta provincia, no pueden apartarse de ella". En ese momento, el comandante del ejército, don Francisco Mellado Zafra, y por la fuerza de las armas, apoderándose del censo, obligó a realizarlo, como se lee en el libro de actas de la sesión correspondiente al 21 de enero de 1877.

A los años de haber finalizado aquella contienda, en 1881, se "inventó" el actual Alarde de San Marcial que acompañaba a la procesión de este día, como recuerdo de lo que fueron las viejas milicias forales euskaldunes. Es cierto que hoy ha perdido aquella marcialidad de antaño que le daba aspecto de milicia, que se ha hecho excesivamente grande, y que la absurda proliferación de pífanos y tambores va arrinconando a los escopeteros, razón de ser y esencia del Alarde, y que la mayoría que participan en él ignoran estas cuestiones, mas el Alarde de San Marcial es el recuerdo de las viejas milicias forales, la forma de hacer la milicia por nuestros antepasados antes de que se nos impusiera el ir al cuartel por la Ley de 21 de julio de 1876.

 

 


Volver a Página Principal