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/IRUN --
El calor, el ambiente festivo, la ausencia de incidentes y
un impresionante despliegue policial marcaron ayer la fiesta grande
de los iruneses. El día de San Marcial se celebró con alegría y en paz.
El Alarde tradicional congregó a más de 7.000 soldados y abarrotó de
público las calles de Irún. El desfile oficial reunió a alrededor de
800 personas que cubrieron el recorrido aplaudidas por sus seguidores
y protegidas por un doble cordón de agentes de la Ertzaintza.
El Alarde tradicional,
que reunió a 7.150 soldados según los datos facilitados por su comandante
Javier Iriarte, salió finalmente tres cuartos de hora después del horario
fijado por Interior. A las diez de la mañana el desfile completó sus
primeros pasos envuelto en una enérgica ovación del numeroso público
que se había agolpado en las calles de Irún para ver y alentar a las
diecinueve compañías y a sus cantineras.
La llegada del general
Beñardo Urtizberea a la plaza de San Juan a lomos de su caballo fue
uno de los momentos más intensos del día. El comandante Javier Iriarte
cedió en ese momento el testigo de mando al general, tras darle cuenta
de las novedades. Mientras tanto, en el centro del balcón del Ayuntamiento
se podía ver la figura del alcalde Alberto Buen.
El mar de txapelas
rojas, color al que se unieron el habitual blanco y el negro, se
dirigió seguidamente hasta la parroquia del Juncal en un combate que
en esta ocasión tenía como enemigo al intenso calor del día. La tropa
eligió como arma su alegría e ilusión.
Animos a las
cantineras
El público irunés
no dejó de animar en ningún momento a los integrantes del Alarde tradicional,
en especial a su general y a las cantineras. Estas últimas, la mayoría
muy emocionadas, intentaron corresponder con su sonrisa y la agitación
de su abanico.
La entrega matinal,
que duró cerca de dos horas y media, volvió a conducir la marcha hacia
la parte vieja irunesa, donde todas las compañías pasaron de nuevo delante
del general. Beñardo Urtizberea, ya más tranquilo y satisfecho tanto
con la tropa como con la respuesta del público, despedía así a los soldados
por unas horas.
El desfile de armas
se reanudó a las siete de la tarde, acompañado de nuevo por el sonido
de pífanos y tambores y por el olor a pólvora. La amplitud del paseo
de Colón, arteria principal de la ciudad, colaboró con la vistosidad
de la muestra de armas, que finalizó cerca de las diez de la noche.
La música, sin embargo, siguió hasta altas horas de la madrugada.
Sin incidentes
El Alarde oficial
reunió a 800 personas, según la cifra facilitada por su general, Pablo
Susperregi. El cabo de hacheros, Iñaki Urrosolo, dio la orden de arrancada
a las 8.00, hora fijada por la resolución de la consejería de Interior.
El desfile mixto
se desarrolló sin incidentes y en medio de un impresionante despliegue
policial. Los participantes fueron protegidos a lo largo de todo el
recorrido por un doble cordón de agentes de la Ertzaintza, por barreras
policiales que abrían y cerraban la muestra de armas y por el helicóptero
de la Policía Vasca, que sobrevolaba el trazado del Alarde.
Afortunadamente,
la intervención del dispositivo de seguridad no se hizo necesaria en
ningún momento. Salvo excepciones contadas, las personas que acudieron
a presenciar la marcha lo hicieron para aplaudir a sus participantes.
Dar la espalda
Los llamamientos
realizados de víspera por los mandos del Alarde tradicional, que recomendaban
ignorar el desfile mixto, surtieron efecto. Casi todas las ventanas
y balcones permanecieron cerrados durante la muestra de armas de las
mujeres soldados. En los últimos metros del recorrido, el público que
esperaba ya la arrancada del Alarde tradicional dio literalmente la
espalda al desfile oficial.
El Alarde mixto
se desarrolló, por lo demás, sin problemas. A las 8.15 llegaba a la
plaza de San Juan la Batería de Artillería, unidad que cierra el desfile
y cinco minutos después entraba al galope el general Pablo Susperregi.
En el balcón del Ayuntamiento, se encontraba el alcalde de Irún, Alberto
Buen.
El Alarde oficial
terminó en la calle Larretxipi a las 9.30 horas. Diez minutos antes,
la Batería de Artillería doblaba la esquina de la cuesta de San Marcial,
la primera calle del recorrido y por la que a las 10.00 subiría el desfile
tradicional.