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GARA.- 200-07-01 CR0NICA

 

 

 

 

 

«Somos el Alarde oficial y no lo parece»

Ya a las 07.45, en el centro de Irun, un cordón policial desplegado a ambos lados de la calle San Marcial impedía el acceso a la calzada de reducidos grupos de jóvenes detractores de la participación de la mujer en igualdad de condiciones que los hombres y saludaban la bajada de las compañías a la Plaza Urdanibia con gritos de «feas» y dando la espalda al desfile, actitudes que resultaron anecdóticas en un tramo ocupado por espectadores que aplaudían y lanzaban mensajes de ánimo.

Los hacheros y nueve compañías se concentraron en la plaza hasta que la llamada a capitanes marcó el inicio de la marcha hacia la Plaza de San Juan, cumpliendo el horario fijado por el Departamento de Interior de Lakua. «Aupa, beldurrik gabe!» y una cerrada ovación se mezclaron con los sones de pífanos y tambores. Un contingente de la Ertzaintza precedió a la salida de los hacheros que abrían el desfile y se inició el camino hacia el Ayuntamiento entre fuertes aplausos y algunos silbidos. Una a una, las diez compañías fueron formando en la plaza, formación que se completó con la llegada de la artillería, seguida de otro contingente policial.

Los balcones de las viviendas ubicadas en las inmediaciones del Ayuntamiento permanecieron cerrados y con las persianas bajadas. Boicot manifiesto al desfile mixto.

Un toque de corneta y el redoble de los tambores anunciaron la llegada del general, Pablo Susperregi, a las 08.20. «Gora Irun», «Gora San Martzial», «Gora gu ta gutarrak», gritó a las compañías que, en formación, ocupaban la mitad de la plaza. Una vez producida la reunión entre los mandos de las compañías con el general, Susperregi ordenó tres salvas de disparos sucesivos.

En el balcón consistorial, el alcalde, Alberto Buen, seguía el rito aunque, según manifestó posteriormente el general del Alarde mixto, lo hizo «de forma pasiva». Susperregi fue breve y explícito: «He saludado al llegar y ni me ha mirado. Somos el Alarde oficial y no lo parece».

Este año, el alcalde tampoco entregó la bandera oficial de la ciudad al Alarde oficial. Recogida la réplica de esa insignia, que les fue entregada por un concejal de EH, los hacheros iniciaron el camino hacia la iglesia del Juncal que, al igual que todo el recorrido, estuvo saturado de agentes policiales. Una presencia que «ha deslucido muchísimo el Alarde. Es una pena ­lamentó el general­ que haya hecho falta por toda la presión que ha habido para restarnos gente, para asustarnos. Han provocado que haya casi más Policía que Alarde, algo que no gusta a nadie». Y es que eran unos dos centenares los agentes de la Ertzaintza que «participaron» en el desfile oficial.

Para entonces, las aceras ya acogían a un mayor número de público, que intercambió numerosos guiños de complicidad con los soldados. También hubo quien recibió el paso del Alarde de espaldas y con eslóganes como que «el carnaval ha pasado hace meses», en referencia a las mujeres-soldado.

«Tenemos una gran ilusión»

Ante la iglesia del Juncal, Pablo Susperregi ofreció una positiva primera valoración del desarrollo del desfile. En su primer año como general mostró su alegría porque «no hay movida» y subrayó que «tenemos una gran ilusión y va a salir bien».

En parecidos términos se expresó Ixabel Alkain, quien ayer desfiló como soldado por tercera vez. «Es muy bonito y emocionante. Nada que ver con la tensión que hemos vivido en días precedentes», señaló a GARA.

Saltos, cantos y saludos llenaron de contenido la parada de las 649 personas que desfilaron, según los primeros datos. Tres nuevas cargas protagonizadas por los escopeteros, en respuesta a la orden del general, anunciaron la reanudación del desfile. Mensajes cruzados entre el público ­«¡Aupa, sois los mejores!» y «¡Viva la cantinera!»­ jalonaron la entrada a la calle Fueros, donde los vecinos se aso- maron al balcón para apoyar al Alarde mixto.

Una hora después de su inicio, a las 09.00, la marcha enfiló la calle San Marcial, donde los defensores de la participación de la mujer sólo como cantinera daban la espalda al desfile en aceras y ventanas. Los pitos y los silbidos arreciaron cuando el Alarde oficial dobló por la calle Sarjia, a escasos metros del Ayuntamiento. «¡A Getxo, que estás atontado!», espetó una persona que se encontraba en ese punto a un ertzaina. Abajo, en la Plaza Urdanibia, se concentraban ya las compañías del Alarde tradicional, cuyo arranque estableció Interior a las 09.00. Sin embargo, sus organizadores, descontentos con la resolución y con el hecho de que se primara la salida del mixto decidieron el pasado miércoles retrasar la salida hasta las 10.00, a fin, según dijeron, de evitar incidentes.

Ante esta situación, el Alarde oficial marchó Larretxipi arriba, donde rompió filas en medio de los aplausos de los hacheros y soldados que marchaban en primer lugar. Para entonces, eran alrededor de 800 las personas que, según indicaron desde el Alarde mixto, finalizaron el desfile. «Tenemos ganadas las tres cuartas partes», aseguró un espectador que no pudo ocultar su satisfacción. Palabras que, posteriormente, ratificó el general Pablo Susperregi al afirmar que «el futuro es un único Alarde, ya que la existencia de dos desfiles no conviene a nadie».

«Tenemos que sentarnos a hablar»

Tras enviar un mensaje de tranquilidad al pueblo de Irun y animarle a participar ­«donde quiera, pero a participar»­, avanzó que «nada más finalizar el Alarde tenemos que sentarnos todos a hablar para que esto se arregle». Momentos después, iniciaron el camino hacia la ermita de San Marcial. La partida de las compañías del Alarde oficial coincidió con el repliegue de los agentes de la Ertzaintza.

También el alcalde de Irun, Alberto Buen, puso el mes de julio como plazo para «poner en marcha los mecanismos de diálogo» acordados por grupos políticos municipales. En declaraciones realizadas a los periodistas mientras las compañías del Alarde tradicional preparaban el arranque en la Plaza Urdanibia, justificó la ausencia de corporativos en el balcón consistorial durante el Alarde oficial ­él si estuvo presente­ señalando que «no hay ninguna obligación de estar para ninguno de nosotros».

La bandera de la ciudad

A la hora de valorar el desarrollo «del denominado Alarde oficial», según sus propias palabras, Alberto Buen consideró que transcurrió «con total y absoluta tranquilidad, exceptuando el gran número de policías desplegados». Aseguró, además, que la bandera de la ciudad que no entrega al Alarde oficial «está en manos de la Corporación como un símbolo de unidad y de todos los iruneses. En una situación de división como la que vivimos no debería estar en manos de ningún alarde. Es la decisión que adoptamos», indicó, para apostillar que «será llevada por el Ayuntamiento a la ermita de San Marcial».

Las declaraciones de Buen coincidieron en el tiempo con el inicio en Urdanibia de la subida de las compañías del Alarde tradicional. La imagen de la calle San Marcial cambió notablemente: a pesar de que volvió a ser ocupada por compañías con el mismo uniforme que las anteriores, ya no había pasillo de ertzainas, ya no se escuchaban pitidos ni insultos desde los balcones y las aceras, ahora más poblados, y las únicas mujeres desfilando eran las cantineras.

Más de 8.000 hombres tomaron parte en el Alarde tradicional, según indicaron sus organizadores. A un ritmo trepidante, acompasado al de los instrumentos musicales, en apenas 40 minutos abarrotaron la Plaza de San Juan. De nuevo, los primeros en llegar ante el Ayuntamiento fueron los hacheros, a los que seguían la banda, la tamborrada, la caballería, las quince compañías de escopeteros, la infantería y, por último, la artillería con sus uniformes azules.

Tras una corta espera, apareció a caballo el general Bernardo Urtizberea, quien, tras hacer un saludo hacia el balcón consistorial, pasó revista a las compañías, que respondieron al unísono a los gritos de «Gora Irun!», «Gora San Martzial!», antes de ordenar las tres salvas de rigor.

Posteriormente, los hacheros precedieron a la compañía Bidasoa en su paso por los arcos del Ayuntamiento para recoger otra bandera de la ciudad. En esta ocasión fue José Antonio Apalategi, ex general y actual presidente de la Junta del Alarde tradicional, quien hizo entrega de la enseña al abanderado de la compañía Bidasoa.

El acto se hizo ante la misma puerta del Ayuntamiento y con la queja de los representantes de la citada junta, a quienes la Policía Municipal no permitió que subieran al balcón para saludar a las autoridades municipales.

El general Urtizberea se mostró «muy contento» por la «tranquilidad» con la que, a su juicio, transcurrió el desfile, restó importancia a las pitadas contra el Alarde oficial y animó a los irundarras a participar en la fiesta, «cada uno donde quiera, con tranquilidad y en ambiente de fiesta». Urtizberea insistió en la manifiesta diferencia de seguidores: «Es enorme y aquí se demuestra lo que quiere el pueblo»

La no coincidencia de horarios con el Alarde oficial y la distinta actitud de la Ertzaintza ante uno y otro desfile, hizo que la «normalidad» fuera este año la tónica del desfile de San Marcial.

 

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