Dime de qué alardeasXabier Kerexeta ErroHistoriador |
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EPISTOLARIOA continuación transcribo las cartas enviadas por la asociación Irungo Betiko Alardearen Alde (a partir de ahora será citada con las iniciales IBAA) -concretamente las dos últimas están escritas por Antonio Aramburu en representación de este colectivo- y las respuestas que he dado a cada una de ellas. Sólo me he limitado a borrar la dirección particular de Aramburu y a facilitar la lectura corrigiendo las erratas. En caso de duda si se trataba de faltas de ortografía, he actuado “pro reo”, pero he mantenido las evidentes. Estas cartas me parecen interesantísimas para analizar la forma de argumentar propia del pensamiento “betiko”. Por un lado, nos encontramos un lenguaje que pretende ser elevado: saludos, tratamiento de usted, expresiones formales (“supimos de”, “rogamos”, “es mediado el mes”, etc.). Hasta tal punto es así que se construyen frases carentes de sentido plagadas de vocablos grandilocuentes, tales como “para no quedar este compás de espera inespecífico”; o se utilizan términos ampulosos con un significado que no tienen. Sin embargo, esa tenue máscara es incapaz de ocultar el primer y gran argumento “betiko”: la descalificación constante, no de los argumentos del oponente, sino la descalificación personal.[1] En ningún momento se entra a rebatir lo que yo considero el fondo del problema -¿por qué se aplica el criterio histórico sólo a las mujeres, cuando la historia no ha sido hasta ahora criterio en el Alarde?-, porque el fondo del problema desde la perspectiva “betiko” es que nadie tiene derecho a cuestionar lo sagrado. No, no estoy equivocado o he tergiversado ciertos conceptos para apoyar mis argumentos: la descalificación es académica, profesional, familiar, hasta idiomática, pero éstos no son más que matices de una sola gran descalificación aplicable a cualquier persona que les lleve la contraria o siquiera disienta del axioma, es una descalificación de carácter moral: el oponente es malvado, no tiene ética ni principios, actúa con mala fe, sabe que no tiene razón, pero emponzoña la realidad para que ésta cambie según sus intereses. No es que no le preocupe causar infelicidad a los justos, es que busca precisamente la infelicidad ajena, por eso ataca aquello que los justos más aman, el Alarde. Aquí ya se presentan con los otros dos grande ejes del pensamiento “betiko”, la absolutización y la sacralización. Absolutización, o todo o nada, no hay medias tintas, o ji o ja, pero aquí no hay tío pásame el río. Las mujeres quieren participar en el Alarde sin otro objeto que despojar de todo sentido a una tradición muy querida por el pueblo. Es imposible que puedan tener otra intención, absolutamente ninguna de las que impulsan a los hombres a participar. Y no vayan a pensar que quieren modificar el Alarde para que éste sea más igualitario, más integrador, no, de ninguno de los modos, sólo quieren despojar, dejar en cero, en nada, en inexistente, todo, absolutamente todo el sentido del Alarde. ¿Y por qué? Ya lo he dicho, precisamente porque es una tradición muy querida por el pueblo. El propio concepto de pueblo es una absolutización: todas, absolutamente todas las personas que conforman la colectividad aman el Alarde. ¿Que hay alguien que no, lo cual queda demostrado porque está dispuesto a admitir modificaciones? La respuesta es la descalificación: no es el pueblo, queda excluido por su propia culpa.[2] Pero me estoy adelantando. La sacralización no es realmente otro gran eje, sino EL EJE, lo que da sentido a la descalificación, la absolutización, la irracionalidad, la incoherencia y otros aspectos que ya se tratarán luego. No quisiera dejar este apartado sin mencionar otro tipo de descalificación, que a mí personalmente es el que más grave me parece: Aramburu hasta tal punto me niega como interlocutor que llega a decidir él qué es lo que pienso y lo que dejo de pensar. Sólo unos ejemplos: miento miserablemente, es decir, soy consciente de estar manifestando justo lo contrario de lo que pienso, cuando digo no entender que alguien que luchó a favor del euskera ahora me eche en cara escribir en esta lengua. Aramburu tiene derecho a presumir que le estoy engañando, o que soy estúpido por no entender lo que a su juicio es evidente, pero no tiene derecho a decidir por mí qué entiendo y qué no. Siguiendo con el euskera, concretamente el de Irun: ahora lo sé, ahora no lo sé. Siguiendo con lo que sé y dejo de saber: del Alarde no sé nada, para él es obvio. Sin embargo, en cierto momento me acusa de hacer caso a Arizmendi pese a que sé que sólo dice disparates del Alarde. ¿Cómo sabe él si lo sé o no lo sé, si sólo sabe que no sé nada del Alarde? No es un problema personal entre él y yo. Manuel Millán, a la sazón concejal de Izquierda Unida, osó titular un artículo “Alarde de San Marcial. Un alarde de machismo” (Egin, 96/06/02). La respuesta de Aramburu no se hizo esperar (“Una rememoración llena de lógica”, Egin, 96/06/13). Primero, niega el derecho a la crítica del Alarde descalificando a quien critica, y no de cualquier manera, sino negándole la pertenencia a la comunidad: Me da la impresión de que el primer destripaterrones de turno que lo crea conveniente tiene derecho a despotricar de nuestro Alarde de san Marcial, tan querido por el pueblo de Irun. Lo cierto es que Millán no criticaba el Alarde, sino los argumentos, más bien descalificaciones, que en nombre de la tradición se estaban vertiendo contra las mujeres que deseaban participar. Para Aramburu no hay diferencia, porque el Alarde no se somete a interpretaciones. Pero en vez de ahondar en este argumento, atribuye a Millán ideas que él no ha expuesto, y aprovecha para negarle el derecho a hablar porque no es "de Irún de Toda la Vida”: Ahora nos llega el señor Millán Jiménez, que creo lleva seis años viviendo en Irun, a decirnos que nuestros bisabuelos que idearon el Alarde de San Marcial eran subnormales y retrasados mentales, y que sus descendientes no hemos mejorado sus condiciones, hasta que ha arribado el caballero en cuestión, a decirnos cómo se debía y se debe de actuar en esta tierra que le ha acogido: en Irun. Posteriormente le reconoce a este recién llegado un conocimiento histórico de Irun (pérdida de los Fueros, imposición del servicio militar obligatorio y “consecuente” creación del Alarde) que no posee la inmensa mayoría de los irundarras jatorras... eso sí, sólo para echarle en cara que conoce el verdadero origen del Alarde y lo oculta con mala intención: Esto es lo que calla intencionadamente el señor Millán Jiménez, y otros como él. ¿Quizás crea que Millán es historiador, jurista, archivero, bibliotecario o por el motivo que sea hace gala de una gran erudición al respecto para acusarlo de conocer y ocultar nuestro pasado? Nada de eso, al contrario, a Aramburu le consta que Millán no tiene ni idea, y le consta hasta este extremo: Por lo tanto, señor Millán Jiménez, antes de tratar de poner como subnormales a los ciudadanos del pueblo que le ha acogido, dedíquese a echar medias suelas o a lo que sepa, pero al Alarde, por elegancia humana, ni lo mencione, pues sabe usted menos de él que de la vacuna contra el sida. Y me consta que en el plano puramente personal y político Aramburu respeta a Millán. En cuanto alguien le toca los Alardes, no hay confianzas que valgan. En ese tema, siempre, como sea, Aramburu es poseedor de la verdad, siempre ha de tener razón. ¿No llega, pues, a insinuar que Joxemiel Barandiaran, Luis de Uranzu o Serapio Múgica se la darían? El “otro” deja de ser sujeto, alguien con capacidad de decisión, para convertirse en objeto, una proyección, en positivo o negativo, del discurso “betiko”, el único existente. Las palabras son instrumentos que ayudan no sólo a expresar el pensamiento, sino a formarlo. El pensamiento “betiko” distorsiona el sentido de las palabras y del lenguaje porque lo sagrado no se somete a crítica.[3] Los discursos “betikos” son embrollados y contradictorios, y acaban con la misma conclusión: el sentimiento no se razona, por eso no se puede expresar.[4] Sin embargo, nadie piense que los “betikos” van a quedarse callados. Teóricamente el insulto no se sobrepone al razonamiento, pero en la práctica puede ser más funcional, puesto que el insultante, coreado por muchas voces -el pueblo, en su jerga- busca acallar las críticas. El “betiko” es agresivo, no quiere convencer, quiere vencer. Ya lo advertía Benito Jerónimo Feijoo en 1739: Largo campo para ejercitar la crítica es el que tengo presente, por ser innumerables las tradiciones, o fabulosas, o apócrifas, que reinan en varios pueblos del cristianismo. Pero es un campo lleno de espinas y abrojos, que nadie ha pisado sin dejar en él mucha sangre. ¿Qué pueblo o qué iglesia mira con serenos ojos que algún escritor le dispute sus más mal fundados honores? Antes se hace un nuevo honor de defenderlos a sangre y fuego. Al primer sonido de la invasión se toca a rebato, y salen a campaña cuantas plumas son capaces no sólo de batallar con argumentos, mas de herir con injurias, siendo por lo común estas segundas las más aplaudidas, porque el vulgo apasionado contempla el furor como hijo del celo; y suele serlo, sin duda, pero de un celo espúreo y villano. ¡Oh sacrosanta verdad! ¡Todos dicen que te aman; pero qué pocos son los que quieren sustentarte a costa tuya![5] Pero hay algo que no dijo Feijoo, y es que algunos, además de atender a razones, sabemos plantar cara ante los que gritan, insultan, amenazan, golpean; seguramente no tanto por amor a la sacrosanta verdad, sino porque no nos da la gana de ceder ante los que nos niegan la categoría de ser, en este caso, de Irun o de Hondarribia. La ficción de que somos una colectividad que se reafirma todos los años en un día concreto se ha roto, y costará mucho volver a recrearla y creerla. No sé ni cómo ni cuándo ocurrirá, pero ese día ellos no estarán solos. No van a conseguir excluirnos. Y ni siquiera necesitamos utilizar sus armas para conseguir nuestro objetivo. La última carta que le envié a Aramburu me fue devuelta en otro sobre... abierta, y por tanto, leída. Aramburu se daba por vencido. Se equivocó de estrategia al descalificar la persona y no sus argumentos. O tal vez optó por la descalificación personal porque sus argumentos flaqueaban ante los míos. La verdad, no creo esto último, Aramburu - y por extensión quienes piensan como él- está convencido de que tiene, no razón, sino LA RAZÓN, LA VERDAD está con él. Una consecuencia más de la sacralización, pero que sólo puede mantenerse si nadie le contradice. Antes de comenzar, una nota. Quienes han leído las pruebas de este trabajo han apreciado una excesiva personalización en la polémica entre Aramburu y yo. Sí y no. Que el tono en las cartas llegó a ser demasiado personal es cierto; que frecuentemente se desvía del debate inicial, también; aunque algunas de esas desviaciones, como su percepción del “euskera de Irún”, están íntimamente ligadas a la percepción del Alarde, ya que ambas son manifestaciones de cómo se percibe a sí mismo y al resto de la comunidad cierto sector de la población, el autoconsiderado “de Irún de toda la vida”. Pero la tesis que defiendo no se basa sólo en la obra de Aramburu. Cualquier texto “betiko”, desde la primera carta que recibí hasta el último anónimo infamante, está impregnado de sacralización y consecuente descalificación. Quien lea atentamente observará que Aramburu no es el que peor uso hace de la historia, ni mucho menos. Pero sí es el que más ha escrito, y con grandísima diferencia. Ha creado opinión, y ha extendido errores y falsedades que a mí me parecen muy graves, y que no se limitan al Alarde. Es por ello que he analizado, y rebatido, su obra prolijamente. IRUN, Diciembre de 1996 Muy Sr. mío: Observando el interés que parece Vd. demostrar en difundir la historia de nuestro pueblo, así como de nuestro tradicional Alarde, por toda la Comunidad Autónoma, miembros de “Irungo Betiko Alardearen Aldekoak” asistieron a la conferencia por Vd. impartida en la Sala Dr. Camino, sita casualmente en Donostia-San Sebastián. Posteriormente, supimos de su intervención en el ente público E.I.T.B., así como en una conferencia celebrada, también, casualmente en Vitoria-Gasteiz. Pensamos, tras analizar su peregrinaje por los distintos medios de comunicación, así como por las distintas ciudades de Euskadi, que no tendrá inconveniente alguno en intervenir en Irún, donde verdaderamente y únicamente estamos interesados en dicho asunto. Por lo tanto Irungo Betiko Alardearen Aldekoak le invita a un debate público, a realizarse en un lugar a convenir. Rogamos se ponga en contacto con nosotros, a través de nuestro apartado de correos nº 568, referencia IBAA, en la mayor brevedad de tiempo posible, para concretar este asunto. Para no quedar este compás de espera inespecífico, le sugerimos como fecha límite para ponerse en contacto con nosotros los primeros días del mes de enero. Le saluda atentamente, IRUNGO BETIKO ALARDEAREN ALDEKOAK Irunen, 1996ko abenduan. Jaun-andreok (andreok?): Igorri didazuen gonbidapenari ihardespen ematera natorkizue. Alabainan, zehaztapen batzuk egin nahi nituzke lehenik. Hasteko harridura, segitzeko lotsa eta bukatzeko amorrua sentitu nuela adierazi behar. Nolatan da posible euskaldun bati, behin eta berriro bere agerraldietan euskaraz eta euskararen alde mintzo den euskaldun bati bidali izana erdara hutsezko gutunik? Eta noren izenean eta tradizioa defenditzeko sortu omen den eta euskaraz bataiatu duzuen talde baten izenean! Betiko hitza erabiltzen duzue, historialari profesionalok tentu handiz erabiltzen duguna, argi baitago ez dagoela Historian betidanik datorren ezer. Baina Irungo hizkuntzez ari garelarik, batek betiko hitza merezi izatekotan, ez izan dudarik hizkuntz hori euskara dela. Tradizionalki euskara -emakumeak bezala, bidenabar- Irunen eta Irundik kanpo ere baztertua izan dela, ezin uka; baina ni ez nago on beharrean kalte egiten duten tradizioak errespetatzeko prest. Irundar gehienen hizkuntza erdara dela inork baino hobeki dakit nik, baina demokrazia ezin da izan numeroaren diktadura, Pio Baroja bidasoazale ospetsuaren gogoetari jarraiki. Neure herriaren historiaz dudan interesa zeuek juzka dezakezue, neure lanen arabera: · Francisco de Gainzaren Historia de la Universidad de Yrun Uranzuren azterketa, udal artxibategiko agiriez eta besteez baliaturik. Kopia bat eman nion José Monje artxibozainari, interesa bazenute. · Irun eta Hondarribiko toponimoen bilketa kide naizen Aranzadi Zientzi Elkarteko Etnografia Sailaren Gipuzkoa osorako proiektuan barne. Irungo Rodríguez Salís, Hondarribiko Elosegi jaunen eta Aranzadiko beste sailetako kideek Txingudi esparru naturala berreskuratzeko lanen laguntza eskertu nahi nuke, aipamen honetaz profitatuz. Emaitzak Gipuzkoako Foru Aldundiko 1:5000 eskalako mapak eta ondoren egindako beste hainbat argitalpen kartografiko hobeki hornitzeko erabili dira. Era berean, Irungo Udalak argitaratutako mapa batean agertutako akats toponimiko ugariz ohartarazteko eta bigarren argitalpenean zuzentzeko balio izan zuen. · Irun eta Hondarribiko ermiten katalogoa, arestian aipatutakoa bezala, Aranzadi Zientzi Elkarteko Etnografia Sailaren Gipuzkoa osorako proiektuan barne. Hondarribikoen fitxak, argazkiak eta guzti, hango udal liburuzain Gebara jaunaren esku daude, berak hala eskatuta. · Irungo euskal aditz forma herrikoien bilketa, Aranzadi Zientzia Elkarteko Etnografia Sailaren bitartez Pedro de Yrizar Bergarako dialektologo ospetsuarentzat. Emaitzek Morfología del verbo auxiliar altonavarro septentrional liburuan ikusi dute argia. Dena dela, Irun errealitatearen azterketari ekiteko abiapuntutzat dut, ez mugatzat. Hortaz, beste zenbait lanetan ari izan naiz, hala nola Euskal Herrian nahiz inguruko erdal herrietan agotak eta beste talde etniko edota sozialak baztertzeko fenomenoak, edo kanta tradizionalen bidezko familiaren irudia. Bestelako lanak ez ditut zehaztuko, ez baitatoz harira. Bai, ordea, nabarmendu nahi nituzke hauek biak, pare bat arrazoirengatik: 1? Nire interesa ez datza protagonista diruditenengan, baizik eta, baztertuen oposizioz, bere burua normaltzat, eredutzat hartzen duen komunitatearengan. Horretarako, adierazpen folklorikoek berebiziko garrantzia dute, herriaren ispilu direnez, ispilu guztiak deformanteak eta irudi-eragileak direla atzendu gabe. Alardearen azterketa kritikoa egiterakoan ere, interesgarriago deritzot bere burua behar bezalakotzat duen gehiengoaren jarrera baztertzailea aztertzeari, Irun eta Hondarribitik at guztiz logikoa ematen duen emakumeen proposamenari baino. 2? Lan hauetaz bietaz hitzaldiak emana naiz Irunen, Donostian eta beste herrietan ere. Baina batez ere Iruñean eta Baionan, ez baita, zuek hala idatzi arren, Udako Euskal Unibertsitatearen eremua Autonomia Erkidegoa, Euskal Herri osoa baizik. Beste urtetan bezala, aurten ere parte hartu behar nuen UEUko jardunaldietan, historia eta antropologia elkartu beharraz errealitatea ikertzerakoan. Irundarra naizenez eta Bidasoako Alardeetan sortutako eztabaida azaldu nahi nuenaren adibiderik garbiena zenez, teoria gai honetan zehazteari lotu natzaio. Horren ondorioen berri zeuek ere badakizue. Hortaz, ez da inondik ere kasualitatea Donostia eta Gasteizkoa. E.I.T.B.-en ere egona naiz, ongi diozue, Bertatik bertara-n. Zuetako batzuek ere, oker ez banago, E.I.T.B.-en egon zineten, hain zuzen Antxon Urrusoloren El tiempo lo dirá saioan. Euskaldunon Egunkaria-n Baztango agotak Irungo Alardean titulupeko artikulua idatzi nuen. Apika, erdaraz edo sikiera erdara nagusiki erabiltzen duen egunkari batean idatzi banu, enteratuko zinateketen. Haatik, ez nuke nik esango peregrino gisa ibili naizenik, are gutxiago erromes, inori barkamena eskatu beharrik edota arima zuritu beharrik ez dut eta. Aurrera baino lehen, eta euskaldunei diezuen begirune falta nabarmen utzi baduzue ere, aitortu behar dut negargurea ematen didala Irun euskal toponimoa, neure herriaren izena, Irún idatzita ikusteak. Benetan iraingarri eta umiliagarria. Arrazoi duzue, bai, Irunen benetan interesatzen zaigu arazoa -Hondarribian era bai, noski-. Ez duzue arrazoirik esatean hemen ez beste inon interesatzen zaigula. Akaso zuei ez zaizue axola Pastoral, Maskarada, Joaldun edo beste hainbat adierazpen folklorikoren bilakaera? Niri bai. Portzierto, aipatu festa horietan emakumeak integratu direla aspaldion eta, nik dakidala, ez da Irun eta Hondarribian sortu den zalapartaren hamarrena ere gertatu. Agian, festaren muina ez dutelako arriskuan ikusi (Zein da gure festaren muina? Horretaz luze eta zabal mintza gintezke). Areago, Zuberoako Pastoralak galduko ziratekeen emakumeen partaidetza aktiboa gauzatu izan ez balitz. Eta ez naiz ari arropa josteaz eta halakoaz, Irunen zenbaitek emakumeari Alardean onartzen dion egiteko bakarraz, alegia. Baina bai, arrazoi duzue, neuk ere zuek bezala pentsatzen dut, Irun eta Hondarribia direla tokirik aproposenak. Ez dut uste, ordea, irun-hondarribiarrok garenik hitz egin dezakegun bakarrak. Irungo Kasinoko arduradunak nirekin bat datoz honetan, antolatu zuten hitzaldira nafar jatorrizko Juan Antonio Urbeltz donostiarra gonbidatu zuten eta. Horregatik onartu dut Bidasoaldeko Emakumeek hitzaldi bat emateko egin didaten gonbidapena, behintzat aldaketarik ez bada urtarrilaren 17an Hondarribiko Zuloaga Etxean arratsaldeko 8etan izango dena. Aski gustora agurtuko zaituztet azaltzen bazarete. Halaber, atsegin handiz onartzen dut zuen proposamena. Aukera ezin aproposagoa da buzoietan zabaldu dituzuen erdara hutsezko panfletoetan adierazten dituzuen oker historiko galantak zuzentzeko. Zehazteke geratzen da nork edo nortzuk hartuko duten parte, zein lanbide eta ikasketak dituzten (historialarien artekoa izango da?) non eta noiz egingo den, erabiliko den hizkuntza, zein publizitate egingo zaion, eta abar eta abar. Profesionala naizela gogoratu behar dizuet, eta gure profesioaren duintasuna aldarrikatzen dut, hainbat historiazale borondate on baina rigor zientifiko gutxikoren aurrean. Ez pentsa honekin kobratu nahi dizuedanik. Profesionala naiz, eta neurean lan egiteko zortea dut, Historia ikasitako frankok ez bezala; baina ogibidea historia museo batean dut. Hau, berriz, Iruni eta Alardeari diedan amoreagatik egiten dut, eta Bidasoaldeko Emakumeen eskaintza ekonomikoari muzin egin banion, beste hainbeste zor dizuet. Era berean, haiei bezala, zuei ere nire profesionaltasunaren errekonozimendua eskertzen dizuet, ez baitu mundu guztiak zuek bezain zintzo jokatzen. Ez dakit zenbat lagun izango zareten, baina irundar gehienen bapateko tradiziozaletasuna kontutan harturik, milaka biltzen zaretelakoan nago. Gutuna inork sinatzen ez duenez, edo, hobeto esanda, talde bezala sinatzen duzuenez, erabakiak hartzeko metodo asanblearioa erabiltzen duzuela bururatu zait. Ez dut dudarik metodorik zuzenena dela, baina esperientziak erakutsi dit ez dela kanpoko pertsona edota erakundeekin harremanak izateko praktikoena. Horregatik erosoagoa iruditzen zait pertsona bakarrarekin zuzenean mintzatzea, gaizki ulertu, atzerapen eta halakorik sor ez dadin. Dena den, zuen esku geratzen da hori. Gauden egunetan gaudela, adeitasunez agurtu eta Eguberri eta Urteberri On opa dizuet. Xabier Kerejeta Post Scriptum: Halakoetan Xabier Kerejeta izena erabili ohi dut. Izen guztiak bezala, arbitrarioa da. Neure espainolezko izen ofiziala nahiago duzuela ematen duzuenez (Irún-ekin ez bezala, ez naiz harekin identifikatzen eta berdin dit), izen osoa idazten ahal duzue: Javier Ignacio Querejeta Erro.[6] Irún, 17 de enero de 1.997 Sr. Dn. Xabier Kerexeta Irún Muy Sr. mio: Es mediado el mes de enero cuando me entregan su escrito de Vd., e “Irungo betiko alardean aldekoak” me autoriza a realizar la contestación. En primer lugar, sorprende que a una simple invitación para realizar un debate sobre el Alarde de San Marcial, que creo que así era, y al que bastaba aceptar la invitación o declinar la misma, se descuelgue Vd. con tres folios exponiéndonos los diversos trabajos que ha realizado en diferentes actividades, a los que, sin negar el hecho, nadie le ha consultado. Da la impresión de que no teniendo ninguna seguridad en la postura que defiende respecto al Alarde, trata de deslumbrarnos con otras actividades, que, cuando menos en estos momentos, no son temas a aclarar. Comienza su filípica con una petulante ostentación de su purismo euskaldun. Sepa Vd. que también en euskera se tergiversan los conceptos y las ideas, como lo iremos viendo a lo largo del escrito. Resulta sorprendente que quien tanto afina en algunas cuestiones, falle lamentablemente en ciertos aspectos éticos comunes a la mayoría de los mortales, como el escribir “(andreok?)”, poniendo en duda la honorabilidad de las dignísimas señoras y señoritas que integran nuestro colectivo, gráfica que en sí misma es digna de juzgado de guardia. A los que nos ha tocado crecer y subsistir en unos dificiles años en el que el euskera estaba oficialmente prohibido, y a los que en la escuela hemos recibido de nuestros jóvenes condiscípulos el saludo de !casero buuuurroo!, además de disgustos de toda índole, viéndonos en la imperiosa necesidad de reaprender el euskera, sin soñar en escribirlo, con hartas dificultades y sin demasiada soltura, no estamos obligados a pedir perdón a nadie, y menos a quienes han aprendido el batua con dinero público. Allá en la difícil época de los sesenta, también procuramos arrimar el hombro para la primera ikastola que se estableció en Irún, sin grandes pretensiones, pero lo hicimos, con bastante esfuerzo y riesgo, sin que el presente ni el futuro de la misma fuera realmente cierto. No me sería difícil el que me tradujeran mis modestas líneas al euskera, mas, sépalo Vd., que no me da la gana, simplemente, porque no quiero presumir de lo que no sé, ese engaño hoy tan generalizado que es lo que verdaderamente produce sonrojo. Dice sorprenderse de que utilicen el castellano quienes han bautizado a su colectivo con nombre euskaldun. Por favor, bájese Vd. de la nube y comience a pisar suelo firme. O ¿acaso es el primer colectivo que se encuentra en estas circunstancias?. Espero de su purismo que emplee el mismo rasero siempre y en todas partes. Por otra parte, y sin que le suene a coba, que por nada del mundo lo haría, empleamos nuestro idioma siempre que podemos, que desgraciadamente no es mucho. Cuando intenta ironizar sobre la expresión “betiko”, de siempre, creo que se pasa Vd. de listo. Entre las distintas aceptaciones del término, no figura, necesariamente, “que no tiene principio”. No necesita mas que el más elemental sentido común para entenderlo, de lo contrario, “siempre”, como “nunca”, serían expresiones prácticamente desechadas del idioma, en euskera, en castellano y en esperanto. Y por lo tanto expresamos con toda corrección lo que deseamos: el Alarde de siempre, betiko Alardia. Mas como el término en cuestión es única y exclusivamente empleado con ponderación y ecuanimidad por los profesionales de la Historia, seguidamente nos cuenta Vd. que, en Irún, sin duda, lo que es de siempre, “betikoa”, es el euskera. Decía D. José Miguel de Barandiarán, cuyas obras y conclusiones -tratando de juzgar imparcialmente- son algo más conocidas que las suyas de Vd., que el euskera resuena en Euskalerría desde hace, aproximadamente, cincuenta mil años. Según mis cortos conocimientos, la edad de la tierra es bastante más amplia, luego el término de siempre, “betikoa”, referido al euskera de Irún, en boca de un profesional de la Historia, es un disparate de los que no entran siete en la docena. Así de clarito. Por otra parte, y muy importante, el euskera que Vd. habla y escribe, costeado con dinero público, el moderno batua, se parece al idioma de nuestros antepasados irundarras como una gota de agua a un caballo,[7] y si lo pone en duda, entregue uno de esos escritos a un anciano de Irún de ochenta años, de los que se expresaron en euskera toda su vida, y no entenderá de la misa la media. !Como para hablarnos de “betikoa”!. Seguidamente nos cita una serie de trabajos llevados a cabo por Vd., de los que no pongo en tela de juicio su valor, y nos recomienda que “si estuvierais interesados le di uno al secretario Sr. Monje”. Agradecemos su información. Siendo Vd. licenciado en Historia, le dirigimos, precisamente, la invitación, para que nos rebata, corrija o acepte nuestros datos, y nos responde Vd. con desagradables descalificaciones. Para su conocimiento, guardo correspondencia de los secretarios de los conocidos archivos Histórico de Madrid, y de Simancas, así como de historiadores de tan reconocido prestigio como Tellechea Idígoras y García Cortazar sobre cierto tema histórico que me apasiona, y aún está por resolver, y, francamente, sorprende la sabia y admirable modestia de los profesionales consagrados, con la suficiencia del director de un museo escasamente conocido fuera de los límites de nuestra provincia. Mas vayamos a lo que vamos, aunque suene a perogrullada. Usted ha dado unas charlas tratando de “analizar históricamente” sobre la participación de la mujer en el Alarde. En la misma no ha aportado ni un solo dato que no supiéramos previamente. Ni uno. Nada nuevo. Lo que más sorprende- y ésto sí es indignante- es que trate de dar una lección “histórica”, “antropológica” o “sociológica”, de que las féminas tienen derecho a participar como escopeteras en el Alarde, teniendo en cuenta que la gente se emborracha -textual- o de que la cantinera va a exhibir su belleza, portando el sargento la polvera -asimismo textual- además de las mutaciones de costumbres en la sociedad vasca. ¿Lección histórica o mitin? Por estos principios que Vd. defiende, por lógica, por ética, para ser consecuente con lo que pregona, teniendo en cuenta que las ideas que defendió Zumalacárregui fenecieron tiempo ha, y las genialidades tácticas -porque lo eran- del “tío Tomás” pasaron a mejor vida con el armamento moderno, vaya Vd. exigiendo el cierre del museo, y , consecuentemente, su renuncia a la remuneración por algo que ya no tiene sentido. De lo contrario, su argumentación es una absoluta falsedad, ya que el Alarde debe ser eso: un museo viviente, naturalmente, tratando de corregir lo que tenga de malo. O ji o ja, pero aquí no hay “tío pásame el río”. Hablar de los Alardes fuera de los términos de Irún u Ondarribía, “como problema de Euskalerría”, resulta algo tan improcedente como explicar el futuro ganadero en Marte. Para ello, baste recordar el estropicio que nos han hecho en Euskalerría con nuestro Olentzero en cuanto lo han sacado de su viejo rincón de los pueblos que rodean la Peña de Aya, con el silencio cómplice de historiadores y folkloristas,[8] para calibrar lo que valoran las tradiciones que les son ajenas, que ni las conocen ni les importan. Asimismo tengo la desagradable obligación de recordarle que falta Vd. a la verdad, cuando afirma que los responsables del Casino están de acuerdo con Vd. en el tema del Alarde. No se comprende que una persona medianamente responsable pueda expresarse con semejante ligereza. Sepa Vd., entre otras cosas, que su presidente, D. Luis Lago, es componente de “Irungo betiko Alardean aldekoak”. Por cierto, que no le vi en la conferencia de Juan A. Urbeltz. Puedo confirmarle que sus conclusiones no coinciden con las suyas de Vd. en absoluto. De todas formas, le envío el artículo publicado por Urbeltz el pasado 20 de Junio en El Diario Vasco, para que conozca la opinión del mencionado señor, a quien Vd, cita con tanta ligereza como desconocimiento. Como habla con enorme e increíble frivolidad cuando se refiere a los “enormes errores históricos que explicais en los panfletos”. Sepa Vd. que esos datos los ha aportado, modestamente, un servidor, con fechas exactas y número de página de los respectivos libros de actas, y sigo manteniéndolos. De caballeros es el argumentar los errores, y no las descalificaciones barriobajeras de quien carece de argumentos. Tendré mucho gusto en debatir con Vd. los, sin duda, importantes datos y argumentos que, como profesional de la Historia, puede aportar, aunque servidor no sea mas que un simple aficionado que, como interesado por el Alarde de san Marcial, le ha dedicado muchas horas de su tiempo libre. El debate será en castellano, por supuesto, mano a mano, y sin ningún complejo por mi parte, y en el lugar que Vd. elija. Sin otro particular, queda a su disposición: Firmado: Antonio Aramburu P.d. - Puede contestarme a mi dirección o al apartado de correos del colectivo. Como guste. Vale. Antonio Aramburu Irun, 25 de enero de 1997 Muy señor mío:
Con la presente le contesto a su nueva invitación, pero permítame antes que me descuelgue con otra filípica. No se sorprenda de la anterior, pues no me invitaban, sino me retaban a un debate. Le remito copia de la misma para que lo compruebe. Yo me siento muy seguro de mi trabajo, y si hice alarde de él fue por el insidioso “parece demostrar”, que no limitaban al Alarde, sino a la historia de nuestro pueblo. No sobra, por tanto, nada de lo que expuse, que se limita a Irun. Sólo cuando demuestre usted interés por mis otros trabajos le hablaré de ellos. De todos modos, ése no es el problema, y usted lo sabe. El problema es que la primera invitación está plagada de impertinencias. No sólo dudan de mi capacidad de hablar del tema, sino incluso de mi buena voluntad, al no dar la conferencia “donde verdaderamente y únicamente” se puede. Términos como parece, casualmente, peregrinaje evidencian lo anterior. Reconocerán que tengo derecho a sentirme molesto. Hasta ahora nunca me habían “invitado” de forma tan desconsiderada. Por si esto fuera poco, el autor (o autora) de tales líneas es terriblemente torpe redactando. Dice que algunos miembros de IBAA acudieron a la sala Dr. Camino ante mi interés por difundir nuestra historia por toda la Comunidad Autónoma. Lo cierto es que hasta entonces no había dado ninguna otra conferencia al respecto. Sí había hablado en Euskadi Irratia y escrito en Euskaldunon Egunkaria, cuyos ámbitos sobrepasan la CAV y abarcan toda Euskal Herria, pero ustedes no tenían noticia de ello. Por tanto, es imposible que la razón argüida sea la que les llevó a la sala Dr. Camino. Dicho sea de paso, esta sala no está casualmente en la capital guipuzcoana. Lo está porque el Dr. Camino se interesó por la historia donostiarra. Seguramente se refería a que daba la conferencia, casualmente en Donostia-San Sebastián. Otro ejemplo de torpeza en el uso de la lengua castellana y de mala fe con respecto a mis intenciones. No le quepa a usted el menor resquicio de duda de que cuando escribí (andreok?) no me refería a la honorabilidad de las componentes de su asociación, sino a si éstas existían o no. Tenga en cuenta que absolutamente nadie firmaba la carta, y los pocos miembros que entonces me constaban en IBAA son varones. La descalificación de las mujeres, y en términos muchísimo más graves de negarles la categoría de andre (señora) no la hago yo, sino personas afines a las ideas que defiende su asociación. Si esas personas, que no el día 30 de junio, sino desde que Bidasoaldeko Emakumeak comenzó a plantearse el Alarde Tradicional, hace unos pocos años, si esas personas, repito, que han recurrido al insulto, la amenaza, la descalificación, la burla, la agresión física, las llamadas telefónicas intempestivas, forman parte de IBAA, no lo sé. Que IBAA sólo ha hecho una condena de la violencia genérica, y específica nada más en el caso -discutible- de imposición minoritaria a la mayoría, eso sí lo sé. Y para que esté más seguro de mi sinceridad, sepa que yo no habría descalificado a las mujeres por sus ideas sin hacer a los hombres lo mismo y la evidencia del jaun (señor) que les atribuyo, está ahí. Ustedes sí practican la desigualdad por criterios sexistas, yo no. Conozco perfectamente la situación socio-lingüística en la que creció, que es la misma de mis padres. Muchas veces he oído en casa la humillación sufrida por la copla casero burro, no vales ni un duro, ni una peseta, ni un caramelo. De hecho, yo también me crié en la escuela franquista, y el resultado es que la mayoría de mis primos, vecinos, condiscípulos y otras personas de mi generación con padres euskaldunes no son capaces de expresarse correctamente en la lengua de sus padres. Yo también podía haberme quedado lamiéndome las heridas. Sin embargo, evité la trampa del victimismo, que nunca resuelve los problemas, y me dediqué a estudiar euskara. No voy a decir que realizara un esfuerzo, puesto que siempre ha sido y es para mí gratificante hablar mi lengua. Es cierto que el batua lo aprendí con dinero público en el instituto, cuando la mayoría de mis compañeros se limitaban a aprobar el examen. Pero también aprendí el euskara popular, el que hablaban mis padres, mis abuelos, los vecinos de mi barrio, que es el suyo. Sé perfectamente distinguir el ámbito de cada cual, el escrito y el oral. De hecho, el castellano en el que escribo y en el que me pide le conteste no es el mismo castellano que utilizaban mis padres. Es el aprendido en la escuela, también con dinero público. ¿O es que de verdad piensa que mis padres eran capaces de redactar unas páginas como éstas, en una lengua o en otra?. No acabo de entender cómo alguien que en los difíciles 60 luchó a favor de las ikastolas, ahora me eche en cara que escriba en euskera. ¿De verdad pensaba que el objetivo de la ikastola había de ser reproducir otra generación de acomplejados que sólo utilizaran el euskara con los ancianos de 80 años y sin salir de su pueblo? Yo, señor Aramburu, aunque me crié en un caserío, no soy un baserritarra avergonzado. Soy un euskaldun reivindicativo que exige sus derechos, que no considera un favor comunicarse en su propia lengua en su propio pueblo, en cualquier tipo de ámbito. Soy petulante, no soy humilde. No agradezco que me hablen en mi lengua, como no agradezco que un coche se detenga cuando cruzo un paso de cebra. Hablo euskara porque me da la gana, no porque no sepa castellano, y no le quepa la menor duda de que no son ustedes el primer colectivo al que riño por su utilización simbólica de mi lengua (le adjunto fotocopia).[9] Esa exaltación del localismo que usted hace está demasiado cerca de las declaraciones políticas de UPN o PS francés, que sólo se acuerdan de nuestra riqueza dialectal cuando se reivindica el uso normalizado del euskara en las instituciones, pero no proponen ninguna alternativa viable al batua ni critican las formas normalizadas del español o el francés. Usted tampoco. Miente usted, señor Aramburu, cuando dice que IBAA utiliza nuestro idioma siempre que puede. He recibido en mi buzón un panfleto escrito únicamente en español, a excepción de eskerrik asko irakurtzeagatik. Escribirlo en dos lenguas supone más tiempo, dinero y trabajo, pero también supone respeto a las dos comunidades lingüísticas que conforman Irun. Y no me venga con el cuento de que no le gusta que le traduzcan. Al que recibe el escrito le interesa leerlo en su lengua independientemente de cuál sea el texto original. Pruebe usted a entregar un escrito en euskara a un castellanófono y verá cómo no se avergüenza en exigirle que se lo traduzca. He de reconocer que mi primera tentación fue escribirle en euskara de Irun, pero inmediatamente desistí. De hecho, ¿cuál es el euskara de Irun?. Le voy a poner un ejemplo. ¿Cómo traduciría usted me gustan las manzanas? El polimorfismo propio de toda expresión oral, en el caso irundarra podría llegar a dar todas estas variantes: Sagarrak gustatzen zaizkit, forma correcta en batua, conocida en Irun, pero no la única. Sagarrak gustatzen nauzkit/ nazkit; nauzkite/nazkite; naute Sin hablar de que a veces se escucha saarrak, o que el seseo tan típico irundarra convertiría todas las z en s, aunque no en la misma s de sagarrak. Todo esto cuadriplicaría las formas a elegir. Por otro lado, reduciría usted la posibilidad de comunicarse en euskara a los estrechos márgenes de Endarlatsa, Santiago y Gaintxurizketa. Convierte el amor a Irun en claustrofobia. Pero si al final me he decidido a escribirle en español ha sido porque su deficiente conocimiento del euskara le ha llevado a errores de bulto. Yo dejé bien claro que, de merecer alguna lengua el calificativo de betiko, ésta sería el euskara, pero no lo afirmo con rotundidad.[10] Cita usted a Barandiaran. Sepa que la teoría del eminente antropólogo es hoy día muy discutida. De todos modos, si relee su obra observará que frecuentemente utiliza términos como tal vez, es posible, cabría pensar, etc. No utilizaba expresiones como así de clarito, porque no mezclaba el lenguaje científico y el coloquial. Yo decía que la palabra siempre hay que utilizarla con gran tiento. En el caso de Irun, siempre comenzaría desde que tal topónimo existe. No sabemos cuándo surgió, pero sí que es un topónimo vasco citado por primera vez en 1203, en un texto escrito en latín. Que entonces en Irun se hablaba euskara, el propio topónimo lo certifica. El día que usted me presente documentación que me haga pensar otra cosa, se lo agradeceré. Con respecto al Alarde, siempre sería desde que existe, es decir, desde 1881. ¿El Alarde que ustedes defienden ha sido siempre igual hasta 1995? ¿Y usted pretende hablar de Historia? Pero nos estamos yendo por las ramas. El problema de la palabra betiko, en la acepción que ustedes le dan, es otro. No es raro en colectivos formados por castellanoparlantes o euskaldunes sin conciencia lingüística hacer gala de nombres vascos, usted mismo lo reconoce (mal de muchos...). Precisamente son estos colectivos los más reacios a utilizar palabras euskaldunes de claro origen foráneo. Hasta crear su asociación, ustedes han hablado, en castellano, de Alarde Tradicional. ¿Por qué no han bautizado su asociación como Irungo Alarde Tradizionalaren Aldekoak? Pues porque betiko suena más vasco que tradizionalaren. Esto es lo que yo he deducido. Estaré encantado de escuchar su versión. Sr. Aramburu, se confunde usted una vez más. En ningún momento he pensado que los datos que aporta sean falsos o erróneos. Ni mucho menos. Los aprecio en la medida de lo que valen, que es mucho. Lo que cuestiono es su interpretación. El trabajo de archivo es largo y pesado, unas veces apasionante, otras ingrato y aburrido. Pero ese trabajo, en sí, no es difícil desde el momento que se acostumbra a leer manuscritos. La biblioteca y el archivo no son el objetivo del historiador, sino su herramienta. Su verdadero trabajo consiste en interpretar. Y es ahí donde usted falla una y otra vez. Veámoslo con unos ejemplos. Una Real Orden de 28 de julio de 1817 concede a Irun una batería de artillería para acompañar las procesiones y función religiosa que se realiza anualmente en la ermita de San Marcial. De acuerdo, pero de eso a decir que la batería de artillería del actual Alarde está motivada en aquella Real Orden hay un abismo. El 21 de diciembre de 1710 salieron a caballo “los señores del gobierno con los demás especiales”. Seguro que fue así, pero insinuar que la actual escolta de caballería tiene ahí sus orígenes, es anti-historia. Otro tanto se puede decir de sus explicaciones a las cantineras, los hacheros o el general. No basta la anterioridad en el tiempo; hace falta el principio de causa-efecto. En el instituto de Irun todavía se dan clases de latín. Hace unos 2000 años los romanos se asentaron en el Bajo Bidasoa. Pero sería absurdo afirmar que lo segundo motivara lo primero. La formación de los Alardes de Irun y Hondarribia tiene demasiados puntos en común con otras manifestaciones folkóricas de Iparralde y aun de Bélgica (conocerá usted el libro de Urbeltz) como para pensar que su formación se puede explicar sin salir del archivo municipal. Es más, acaba siendo sospechoso que halle justificación de todos aquellos elementos que conformaban el Alarde desde que usted lo conoce y rechace de plano todo lo que usted ha visto evolucionar, como la incorporación de la mujer a la “tropa” o la “tamborradización” de las compañías. Esa necesidad de encontrar en el pasado lo que usted ha conocido siempre y negar tradición a lo que ha visto crecer es, precisamente, uno de los puntos que yo traté en mi conferencia. Dice usted que no he aportado ningún dato nuevo (¿Conocía las referencias a dos alardes de mujeres bien vestidas y armadas con bocas de fuego realizados en Hondarribia en el siglo XVIII, por hondarribitarras “y otras montañesas” que cita Mª Elena de Arizmendi en Vascos y Trajes? ¿Qué opinión le merecen?). No era mi intención hacerlo, sino poner de manifiesto las contradicciones que los defensores del “Alarde Tradicional” cometen. Usted defiende que el origen del Alarde de San Marcial está en las milicias forales. Podríamos discutir mucho de eso. Lo que ahora me interesa recalcar es la creación de una fiesta que incorpora elementos impropios de tales milicias, al contrario, están basados en los ejércitos español y francés, sustitutos del sistema militar foral. Son, precisamente, los elementos más vistosos hoy día (sin olvidar que la tropa de infantería no es exclusiva de las milicias forales, por lo que es lícito dudar de que las compañías de nuestro Alarde se basen en ellas). De un modo u otro, usted justifica su inclusión, a veces con auténtico encaje de bolillos en su discurso: están, pero no son Alarde Foral, pero deben seguir estando, porque son tradicionales, entendiendo por tradición el mero paso del tiempo. La mujer, obviamente (de todos modos, relea los capítulos sobre el XVIII de “Vascos y Trajes” de Mª Elena Arizmendi), no formaba parte de dichas milicias forales, luego no tiene sitio en el actual Alarde. ¿Y los africanos, señor Aramburu, y los protestantes, los judíos, los musulmanes, los franceses, los agotes, los que en Irun, afortunadamente cada vez menos, siguen siendo llamados manchurrianos o tipulanos? ¿Cómo justifica su inclusión cuando algunos de estos grupos humanos ni siquiera habrían tenido derecho a vivir de esclavos en la época foral? ¿Cómo justifica que las mujeres concejales participen en la procesión del 30 de junio, que no olvidemos es el núcleo de la fiesta, puesto que el Alarde no es más -ni menos- que el acompañamiento de hombres armados (¿la escopeta como arma, o como herramienta de realizar salvas, es decir, disparos honoríficos, nunca bélicos?) de ese núcleo?. Por otro lado, hay concejales varones que no participan en la procesión y sí en el Alarde. Su lealtad al barrio o la cuadrilla está por encima de su lealtad a la institución que representan y al voto de sus antepasados. ¿Por qué no reivindica la pureza de una tradición de más de 400 años? ”Nosotros sólo abucheamos” me dijo un conocido con respecto a los “incidentes” del 30 de junio pasado. Ese mismo conocido, nacido, criado y casado en Irun, no sabía que tal procesión existía. Cuando le dije que en ella participan mujeres recordó haberla visto alguna vez, pero no sabía “qué pintaba eso en el Alarde” ¿No le parece todo eso preocupante, digno de reflexión? ¿En qué estamos convirtiendo nuestra fiesta? No me entendió usted cuando hablé de los borrachos y menores de edad. Yo dejé bien claro que la presencia de la mujer es un derecho que no necesita justificación y permiso de nadie, desde el momento que todo el/la que paga impuestos -tema en el que usted es tan sensible- nunca puede estar en condición de inferioridad. Quería remarcar la terrible hipocresía de los miles y miles de personas que creen estropeada su fiesta por la sola presencia de las mujeres cuando nunca se han quejado públicamente de la presencia de personas que la Ordenanza prohibe. ¿Dónde están esos miles de personas para gritar “fuera, fuera”, abuchear e insultar, esas personas tan amigas de la Tradición y el Orden ante los que no escenifican bien su papel o no tienen derecho a escenificarlo por edad? Me reconocerá que es lícito dudar de la buena voluntad de esos miles de personas que nunca se han preocupado por mejorar el Alarde, casualmente hasta este año. Si IBAA hiciera honor a su nombre, debería hacer algo en ese sentido. Pero hasta ahora, si no me equivoco, ha nacido para, y se ha dedicado a negar el acceso a las mujeres. ¿No será que el problema es otro? ¿Quién ha amenazado con suspender el Alarde, como si fuera de su propiedad? ¿De verdad es más grave la inclusión de unas personas en la parte del Alarde que está abierta para quien quiera participar, sea de Irun o de fuera -que, por cierto, al no vivir en Irun, aunque sean originales de esta ciudad, no pagan con sus impuestos la fiesta, tema en el que usted es tan sensible- es tan o más grave que los incidentes de 1976? ¿Qué habría pasado si las mujeres hubieran desfilado ante la indiferencia, incluso ante el silencio desaprobador de los demás? ¡Qué fiesta tan endeble, si 50 personas son capaces de hacerla caer! No 50, sino 100 era el número que usted proponía para cada compañía, ante las dimensiones que estaba adquiriendo el Alarde y los problemas organizativos que acarreaba esto. ¿En qué tradición se basaba? Se indigna usted porque doy una lección, además de histórica, antropológica y sociológica. Le voy a dar unos elementos de reflexión sobre si el Alarde, como reflejo -siempre distorsionado, pero reflejo al fin y al cabo- de una comunidad, merece o no estudios de este tipo. Empecemos con la figura de la cantinera, que ha pasado de un profundo rechazo -usted es mayor que yo y conocerá muchas mujeres que se negaron a representar esa figura- a la exaltación actual. Bidasoaldeko Emakumeak nunca ha cuestionado su papel, y a mí me consta que dentro de ese colectivo hay partidarias firmes, con recelos y detractoras de la cantinera como figura, nunca de las personas que lo escenifican. Sin embargo, muchísima gente de Irun y Hondarribia ha interpretado la propuesta de Bidasoaldeko Emakumeak como un ataque frontal a esta figura. En el programa “El tiempo lo dirá”, de ETB, una ex-cantinera la definió como reina de la compañía. La madre de una cantinera de caballería definió a ésta como reina de las cantineras, con toda la carga de clasismo que esto conlleva. Estando los ánimos como están, entenderá que no cite la fuente. ¿Cómo conjuga esto con su defensa del Alarde Foral cuando un elemento extraño y posterior se lleva todo el protagonismo? Acerca del origen social y familiar de las elegidas, del modo de elección, del creciente gasto que supone, del ideal de mujer que representa, etc, etc, también podríamos discutir. Otro tema que me ha llamado poderosamente la atención ha sido la xenofobia tan peligrosa que rezuman personas dialogantes, receptivas, abiertas, etc. en otros aspectos. “Tú cállate, que eres de fuera y no puedes hablar”, dedicado a gentes que llevan más de 40 años residiendo en Irun, casadas con y padres/madres de “nativos”; por supuesto, descalificación reservada a los foráneos contrarios al Alarde Tradicional, no a los partidarios. “Las que han desfilado son lesbianas de Rentería”, “van a venir autobuses desde Bilbao”, etc, etc. ¿Lección histórica, antropológica o mitin? Piense lo que quiera, pero yo no estoy dispuesto a analizar los alardes para llegar a la conclusión de que somos estupendos. La sacralización, como antes he dicho del victimismo, no ayuda a resolver los problemas. De todas formas, bastan estos ejemplos para centrar el problema. Y usted sabe tan bien como yo que a la inmensa mayoría de la población, irundarra o no, la historia no le interesa en absoluto. Por tanto, no es rebuscando en los archivos donde encontraremos explicación a la violenta respuesta de nuestros/as paisanos/as. Y no me diga que no merece estudio.
Una vez más tengo que lamentar lo limitado de sus conocimientos de lengua vernácula. Naturalmente, sé que ni los representantes del Casino ni el señor Urbeltz comparten mis ideas. Me refería a que sí estamos de acuerdo en que no hace falta ser de Irun (el señor Urbeltz no lo es) para hablar del tema. Esto está muy relacionado con lo expresado en el párrafo anterior. ¿Piensa invitar el Casino a alguien “de fuera” partidario de la mujer en el Alarde? Es cierto, no me vio en la conferencia de Urbeltz. Con sumo gusto habría acudido, pero me enteré tarde. Reconozca que no le hicieron mucha publicidad fuera del propio ámbito del Casino. Le agradezco la fotocopia, pero había leído el artículo en Euskaldunon Egunkaria, ya que el señor Urbeltz no se sonroja porque le traduzcan. A mi modo de ver tiene sus aciertos y sus incorrecciones. Por ejemplo, no comparto que la aversión de la mujer a las armas o a los toros sea algo natural. ¿Usted comparte la afirmación “que algunas mujeres quieran correr delante de toros o tomar las armas no tiene mayor importancia”? Su preocupación porque esto sea exigencia femenina de un derecho invulnerable, eso sí es preocupante para mí, porque supone que juzga los motivos por los que quieren desfilar. ¿Admitiría usted que alguien juzgara los motivos por los que los varones desfilamos, y ese alguien decidiera cuáles son legítimos y cuáles no? No quisiera acabar sin hacer referencia al Museo Zumalakarregi. Aquí ha pisado usted en falso. Tiene derecho a pensar que soy petulante, incluso un mal profesional, (yo nunca he dicho que sea bueno, sino que lo soy), pero argumentar para ello que el museo en el que trabajo es poco conocido no me desacredita a mí, sino al museo. Mis compañeros de trabajo se han sentido ofendidos. Por cierto, apéeme del cargo, que no soy director, sólo soy el responsable del servicio de difusión y comunicación. El Museo Zumalakarregi, teniendo en cuenta su tamaño, lo especializado del tema y su situación geográfica, hace una labor que mucha gente reconoce. Tenemos limitaciones, las más de ellas ajenas a nuestra voluntad. Puede preguntárselo al señor Tellechea Idígoras la próxima vez que se cartee con él. Este gran historiador, con muchísimos más años de trabajo a sus espaldas que yo, nos visitó hace poco y coincidió con usted en algo, en que este museo es muy poco conocido, pese a poseer unos fondos muy interesantes. Puede preguntar también al señor Lago, con el que colaboramos para editar unos mapas sobre la batalla de San Marcial (la de 1813) el año pasado, y es que nuestra profesionalidad y vocación de servicio está por encima de las opiniones personales de los componentes del equipo de trabajo. No vuelva a hacer insinuaciones de ese tipo, no se las voy a consentir.
Lamento que tras su visita al museo se fuera con la sensación de que éste defiende las ideas del ilustre general carlista. En lo único que coincidimos usted, un servidor y el resto del mundo es que fue un gran estratega. En lo demás, hay opiniones para todo, opiniones que el museo recoge, sean a favor o en contra. Es más, nuestro objetivo no es tanto realzar un personaje sino, a través de él, explicar una época crucial para Euskal Herria, cuyas repercusiones llegan hasta nosotros. De todos modos, si cree que el Museo Zumalakarregi es una carga inútil para los bolsillos de los contribuyentes de Gipuzkoa, no soy yo la persona a la que se ha de dirigir, sino a Luis María Oyarbide, director del departamento de Cultura de la Diputación Foral. Sobre si el Alarde es un museo viviente o no, también podríamos discutir, y reconocerá que de museos algo entiendo. De todos modos, ya está bien de perder el tiempo en pequeñeces y polémicas estériles. El problema es demasiado serio y su raíz, los dos lo sabemos, no es histórica. Acepto el debate, que por supuesto su manifiesta incapacidad de expresarse correctamente en euskara, batua o de Irun, obligará a realizar en castellano. Creía que el invitado acude al lugar, día y hora que le invitan, ahora me pide que haga este trabajo yo. Ya he sido invitado a un debate en Hondarribia el 19 de febrero, si no hay cambios, por Bidasoaldeko Emakumeak. Estoy dispuesto a participar en otros, no importa quién los organice, siempre que haya un mínimo de seriedad y respeto hacia los participantes. Hasta entonces, reciba un saludo. Xabier Kerejeta PD: En su larga epístola no ha argumentado por qué escribe el topónimo vasco Irun como en español. ¿Lo hace para molestarme? No iría por buen camino si fuera así. Irun, 18 de febrero de 1,997 Sr. Dn. Xabier Kerexeta Irun Muy Sr. mio: Recibo su carta el viernes día 14 y paso a contestarle a la mayor brevedad. Comenzaré por admitirle, y lamentarlo, que no es, precisamente, un ejemplo de diplomacia la carta que se le envió como invitación al debate, aunque la misma no justifica su salida de tono. Bastaba devolver la misma, que hubiera sido lo correcto y aleccionador. En cuanto al término “(andreok?)”, tan impropio de quien exige tanta sutileza en el vocabulario ajeno, admito su explicación y sin reserva mental alguna. La afirmación a la práctica de la desigualdad de criterios por el sexo, se expresa Vd. como un auténtico demagogo. Por los derechos de la mujer estamos todos, mas sería absurdo elevar a la categoría de “derecho” el disfrazarse de hombres con una escopeta, sin otro objeto que despojar de todo sentido a una tradición muy querida por el pueblo. Al Alarde lo representan únicamente los hombres, de la misma manera que a la Inquisición la representan las hogueras, y no la silla eléctrica. Me reafirmo en la triste idea de que es Vd. especialista en tergiversar conceptos e inventarse situaciones. Más claramente: en mentir. El admitir posturas diferentes, incluso encontradas, debe de ser absolutamente normal entre personas que creen en la democracia, que únicamente las mentes cortas, cerriles y obtusas se sienten molestas. Mas dentro de esa discrepancia, lo que es imprescindible para mantener el diálogo, es la rectitud de criterios, sin recurrir a la mentira y a la tergiversación. Y así se inventa y miente, cuando escribe “el castellano en el que le escribo y en el que me pide le conteste”. Eso se lo inventa Vd. Podía haberme escrito en el euskera de Irún, el único que he aprendido. Lo único que le escribí textualmente es que “el debate sería en castellano”. Que una conversación se malinterprete, se comprende. Mas lo escrito deja constancia clara de lo que queremos expresar, y lo que hace Vd. es mentir. Y miente miserablemente cuando afirma que “no acabo de entender cómo alguien que en los difíciles 60 luchó en favor de la ikastola, ahora me eche en cara que escriba en euskera”. ¿Cuándo y dónde le he escrito yo eso?. Le he dicho, lisa y llanamente, y sin avergonzarme de ello, que nunca aprendía a escribir el euskera. Cuando escriba, o hable, por ética, por honradez, ajústese Vd. a la verdad, sin atribuir al oponente lo que a Vd. le conviene y no ha dicho. ¿Quién le ha dicho que servidor pensaba “que sólo utilizaran el euskera con los ancianos de 80 años y sin salir del pueblo?”. ¿Le faltan razones para rebatirme que el batua que Vd. escribe no lo entienden los hombres y mujeres de Irún de 80 -y menos años- para que nos diga que el batua es “betikoa”?. ¿Miente por afición o tiene escasamente amueblada la sesera?. La opinión que me merece su rectitud moral es lamentable. Más adelante me aclara: “son ustedes el primer colectivo que riño por su utilización simbólica de mi lengua”. Le envío el “sesudo estudio histórico” entregado personalmente por Bidasoaldeko Emakumeak a la Junta del Alarde, que uno no sabe a ciencia cierta si es batua o euskera de Astigarraga. En cuanto a su contenido, uno ignora si produce pena o asco. De rectitud moral, nada, desde luego. Cuando me atribuye como incierta la frase que “IBAA utiliza nuestro idioma siempre que puede”, vuelve a falsear nuevamente suprimiendo “que desgraciadamente no es mucho”, porque servidor no miente por puro interés. De todas formas, nuestros antepasados, que ignoraban el castellano, no lo escribieron nunca, lo cual no suponía que no utilizaran el euskera. Se pregunta cual es el euskera de Irun. Sencillamente, el que aprendimos de niños, y en el que se expresó siempre nuestro pueblo,[11] menos Vd., en contra de lo que afirma, porque aquí nos conocemos casi todos, y su abuela materna se quejaba refiriéndose a Vd. “Biñon noiz ikazikodu euskeras mutikua onek?” A no ser que lo haya aprendido con el dinero público, lo que pongo en duda. De todas formas, sobre el euskera de Irún, el de la “claustrofobia” que llama Vd, lo definió así José de Artetxe: “El euskera de Irun es al guipuzcoano, lo que el sudamericano al castellano”. Me dice que su “deficiente conocimiento del euskera le ha llevado a errores de bulto”. Lo que sin duda me lleva a errores de bulto es el desconocimiento del batua, que no es lo mismo, ese extraño producto de laboratorio a quien Vd. tiene la osadía de llamar “lengua vernácula”. Seguidamente se refiere “al Alarde de siempre”, y cree descubrir el océano cuando se pregunta si ha sido siempre igual hasta 1.995. Y a continuación: “¿Y usted pretende hablar de Historia?” En el caso del Alarde de San Marcial, “de siempre”, “betikoa”, es desde 1.881, y no antes, porque no existió, otra cosa es que Vd. no lo sepa, porque no sabe nada del tema, ya que no ha pisado el archivo, y su historia no se hace desde Ormaiztegui. De todas formas, si tiene duda en el caso de “betikoa” aplicado al Alarde, pregunte a Euskalsaindía. ¿Si el actual Alarde es igual al de 1.881?. Sr. Kerexeta, yo no me he caído de ningún pino. Se mucho mejor que Vd. lo que ha cambiado y en qué, y para que se apee de ese pedestal de suficiencia, le decía textualmente, respecto al Alarde, “naturalmente, tratando de corregir lo que tenga de malo”. ¿O es que no sabe Vd. leer?. ¿O es incapaz de entender algo tan sencillo?. ¿O actúa con una mala fe manifiesta?. Contéstese Vd. mismo. Y a continuación: “¿Y usted pretende hablar de Historia?”. Nunca e pretendido hablar de Historia, y me libraré muy bien de hacerlo. De historia (con minúscula) del Alarde de San Marcial, sí, al que Vd. no le ha dedicado tiempo ni interés, limitándose a manejar los datos que han dado los demás, y por lo mismo, es incapaz de interpretar nada. Vaya al archivo, estudie, y luego hable. Y ahora le pregunto yo. ¿Y usted tiene la desfachatez de hablar de la historia del Alarde?. Escribe textualmente: “Una Real Orden del 28 de julio de 1817 concede a Irun una batería de artillería para acompañar las procesiones y función religiosa que se realiza anualmente en la ermita de San Marcial. De acuerdo, pero de eso a decir que la batería de artillería del actual Alarde está motivada en aquella Real Orden hay un abismo”. Efectivamente, el gran abismo de su supina ignorancia en el tema, ya que eso se demuestra documentalmente, y le advierto que de este monumental disparate haré uso público cuando me de la realísima gana. En cuanto a la escolta de caballería, lo del “origen”, como tantas cosas, se lo inventa Vd. porque le conviene. Lo que escribí textualmente fue “¿Y la caballería?. Reconoceremos que no formaba parte de la milicia foral -lo subrayo por su enorme afición a suprimir lo que le conviene y a inventarse lo que le interesa- aunque nos queda el recuerdo de un alarde realizado el 21-12-1.710 “saliendo a caballo los señores del gobierno”. A citar un hecho cierto y comprobado ¿llama Vd. anti-historia?. De la misma forma que es documentalmente demostrable la figura del general, ejercida por el primer teniente de alcalde. Y Vd. sin enterarse, y si está enterado, mintiendo. Igualmente lo haré público cuando me parezca oportuno, al igual que los hacheros, de los que Vd. no sabe por dónde le da el aire. Lo que verdaderamente es anti-histórico, inmoral y carente de la más mínima responsabilidad profesional por parte de quien se jacta de ser un concienzudo profesional de la Historia, es cuando, desde el Olimpo de su saber, me pregunta: “¿Conocía las referencias a dos alardes de mujeres bien vestidas y armadas con boca de fuego realizados en Hondarribia en el siglo XVIII, por hondarribitarras “y otras montañesas” que cita Mª Elena Arizmendi en Vascos y Trajes?”. ¿Qué opinión le merece?”. !!!Y Vd. intenta haber aportado un nuevo dato con este “descubrimiento”!!!. Y ahora va mi opinión. El dato es MENTIRA, y Vd. un perfecto irresponsable por no constatarlo previamente, máxime sabiendo los disparates que ha soltado Dª. Mª. Elena respecto a los alardes, su composición, su indumentaria, los estandartes de Castilla que portaban en los mismos, y un etc. larguísimo de tropelías. Basta leer la expresión “y otras montañesas” para saber que eso no pasa de ser un “invento”, mas, por lo visto, a Vd. le interesa que sea cierto, y lo suelta. Con absoluta irresponsabilidad, claro. Para ir rebajándole los humos a quien no tiene sonrojo en definirse a sí mismo como que “soy petulante, no soy humilde”, le explicaré con detalle este proceso que Vd. ignora absolutamente, antes de tener el regusto de hacerlo público, porque lo voy a hacer, bien en una charla, bien en un artículo, o de ambas formas, por lo que guardo su carta como oro en paño. El conde de Llobregat, en su libro “Fuenterrabía. Notas históricas”, en la pag. 173, se refiere a la compañia de mujeres “bien vestidas y armadas con bocas de fuego y adiestradas en su manejo”, a la llegada de Felipe V. Ya ve que habla de la “compañía”, es decir, una. Usted, por si acaso, es decir, porque le conviene, ya cita dos compañías. !Viva los profesionales de la Historia, los de la cordura, los de la ética!. Esta noticia, como ocurre con tantas, ha ido copiándose de unos autores a otros, hasta finalizar en Kerexeta jauna. Para entonces, Dª. María Elena pone su granito de arena, y añade “y otras montañesas”. No cabe duda que queda precioso, sobre todo a quienes acostumbran a tergiversar lo que haga falta en su propio interés. No existe mas que un pequeño inconveniente: que el archivo Ondarribitarra lo desmiente rotundamente. Como piensa el ladrón que todos son de su condición, he sacado fotocopia legalizada de todos los actos organizados por el ayuntamiento Ondarribitarra para tal acontecimiento. Los honores militares corrieron a cargo de los soldados del ejército regular, siguiendo el rey “por la calle mayor que estaba poblada de hijos de esta ciudad que con festivas voces... etc”. Como comprenderá, Sr. Kerexeta, el “nuevo dato” que aporta es un disparate de tal magnitud, que no entran siete en la docena. Y aquí sí que diría Barandiaran “!así de clarito!”. Me habla de las manifestaciones folklóricas de Bélgica y otros paises con “demasiados puntos en común” con nuestros Alardes. Creo que hay que estudiar las cosas como son, sin importarnos que el resultado coincida o se asemeje a otras manifestaciones. Creo que es lo honrado. Y a continuación me pregunta si conozco el libro de Urbeltz sobre los Alardes. Muy en contra de mi costumbre, ya que hasta ahora no lo había comentado con nadie, y solamente obligado por su petulancia, le diré que el Sr. Urbeltz me concede cierta credibilidad cuando en la pag. 73 de su libro “Alardeak”, comenta: “De ahí que las conclusiones generales a las que llega Joseph Roland (Escortes Armées eta Marches Folkloriques. Ministere de la Culture Française. Bruxelles) en su estudio sobre las escoltas militares y marchas folklóricas de Valonia coinciden, en lo fundamental con las que Antonio Aramburu establece para el Alarde de Irún”. Existen asimismo otras alusiones, de las que soy el menos indicado para comentarlas. Punto. Cuando habla de la participación de las mujeres en la procesión, coincido, !por fin!, plenamente con Vd., mas sepa que la procesión va detrás del clero, y no en las compañías de infantería. Esa es la diferencia, y una tradición que han perdido las mujeres. Podrían recuperarla cuando quieran. Sobre los borrachos, los menores de edad y la exhibición de las cantineras, lo guardamos gravado. Respecto a basar la defensa o el ataque del folklore basado en los impuestos, es pura demagogia. Por cierto, sabe Vd. tan poco del Alarde, que repite el absurdo de “desfilar en el Alarde”. Eso que lo diga un peón caminero, vale. O las señoras de Bidasoaldeko Emakumeak con su carcajeante “desfilatu”, pero un licenciado en Historia... !como para comer cerillas, vamos!. El alarde se hace, y si no, comience a estudiarlo, en Irun, en Ondarribia, en Ormaiztegui, o donde guste, pero antes de decir disparates. Respecto al Museo de Zumalakarregui, ni piso en falso, ni hago insinuaciones, porque lo que tengo que decir, se lo digo a Vd. y al sunsum corda. Ni siquiera he dado mi opinión sobre el mismo, donde nuevamente vuelve a tergiversar y a mentir. Y si sus compañeros de trabajo se han sentido ofendidos, será porque Vd. no les ha dicho la verdad, sino, una vez más, lo que le conviene. Lo que escribí textualmente, sin añadir ni quitar, como acostumbra Vd., fué: “Por estos principios que Vd. defiende, por lógica, por ética, para ser consecuente con lo que pregona, teniendo en cuenta que las ideas que defendió Zumalakarregui[12] fenecieron tiempo ha, y que las genialidades tácticas - porque lo eran- del “tío Tomás” pasaron a mejor vida con el armamento moderno, vaya Vd. exigiendo el cierre de su museo, y, consecuentemente, su renuncia a la remuneración por algo que ya no tiene sentido. De lo contrario, su argumentación es una absoluta falsedad, ya que el Alarde debe ser eso: un museo viviente, naturalmente, tratando de corregir lo que tenga de malo”. ¿Dónde escribo que el Museo “esté defendiendo las ideas del ilustre general carlista”? Eso se lo inventa Vd., como siempre. Respecto de que el Museo es poco conocido, lo reconoce Vd., y un historiador de la talla de Tellechea Idigoras. Lo que yo no he dicho, si no que se lo habrá inventado Vd., es que sea justamente poco conocido, que es lo que Vd. pretende que lo haya dicho. Puede tener la seguridad que la opinión de un hombre de criterios tan volubles como Vd., que no tiene trabas morales en tergiversar a su antojo las opiniones escritas, no me importan nada en absoluto. La que me preocupa es la del resto de funcionarios del mismo, a quienes, me consta, Vd. a informado como le ha dado la real gana. A fin de aclarar conceptos, escribo a la directora del citado Museo y a Dª Gabriela Vives, remitiéndoles la carta que le envié a Vd. con las explicaciones pertinentes.[13] Asimismo le retiro la invitación para el debate concertado. Me niego a invitar a un personaje como Vd. que tergiversa y miente de forma enfermiza. Como espero que Bidasoaldeko Emakumeak y Irungo Betiko Alarden Aldekoa se sienten para sostener un debate, será el momento oportuno de debatir con Vd. amplio y tendido, con la particularidad de que llevaré la documentación adecuada. Es el único trato que deseo con Vd. Sin más: Firmado: Antonio Aramburu Antonio Aramburu Irun, 8 de abril de 1997 Muy señor mío: Con la presente respondo su carta del 18 de febrero. En primer lugar y con respecto a la “invitación” que recibí por parte de IBAA en diciembre de 1996, me llama la atención que se conforme con admitir que no fue “un ejemplo de diplomacia”, cuando considera mi respuesta una salida de tono y se atreve a sugerirme qué habría sido correcto y aleccionador. Empieza usted mal. Ya antes usted me escribió: “Sepa usted que también en euskera se tergiversan los conceptos y las ideas” Con ello no sólo no reconocía la falta de respeto que supone no dirigirse a un euskaldun en euskara, por mucho que se presuponga que conozca el castellano, sino que insinúa que mi intención, al escribir en mi lengua, no era ejercer mi legítimo derecho, y sí defender unos argumentos que en castellano no sería capaz de defender. Y no me venga con el cuento del batua, porque usted dice literalmente “euskera”, sin especificar su forma dialectal o unificada. No contento con lo anterior, considera mi lenguaje “petulante”. Para usted, escribir un euskara correcto, culto, sin localismos, es petulancia. Si se refiere a que no es popular en el sentido de que ése no es el euskara utilizado por los euskaldunes ágrafos acomplejados, tiene razón. Así lo entendí yo cuando le escribí, y le puse un ejemplo que demostraba a qué me refería. No sé por qué no he de utilizar todos los recursos de mi lengua si la ocasión me parece oportuna. Ese es el sentido que en la anterior carta di a su apreciación; pero el uso descontextualizado de mi frase, para presentarme ante los responsables de mi trabajo en el Museo Zumalakarregi y en la Diputación Foral de Gipuzkoa como alguien que se califica de petulante y no humilde, me lleva a la siguiente pregunta: ¿Quién manipula, quién malinterpreta, quién tergiversa, quién miente, señor Aramburu? Si yo hubiese escrito en castellano, ni me habría recordado que también en esa lengua se tergiversa, ni me habría llamado petulante. De hecho, el castellano que usted utiliza en sus escritos no es ni mucho menos el castellano coloquial. No le llamaré petulante, puesto que usted tiene derecho a expresarse en los términos que más le plazcan. Sí le llamaré pretencioso, porque en su afán de escribir un castellano “cultivado” -algo que a mí me convierte en petulante si lo hago en euskara- utiliza erróneamente vocablos como “purismo”. Yo no soy purista, y si supiera el auténtico significado de esta palabra se daría cuenta. Sí le llamaré pretencioso porque oscila entre la grandilocuencia, la ignorancia- sus faltas de ortografía son gravísimas- y la chabacanería de ciertas expresiones, de las que incluso se siente orgulloso. Ya le avisé de lo inadecuado de algunas en la anterior misiva. Usted no sólo no se retracta, sino que se atreve a sugerir lo que suscribiría Joxemiel Barandiaran, creyendo así dar más fuerza a sus argumentos. Lamentable. De todos modos, y aunque su castellano es torpe, su euskara es aún más deficiente. Después de reconocer que lo ha reaprendido con hartas dificultades y sin demasiada soltura, que ni sueña en escribirlo y que no tiene que pedir perdón a nadie por ello; después de llamarme petulante e insinuar que tergiverso por escribir en mi lengua; después de considerar salida de tono a la exigencia de que un colectivo de nombre vasco de mi propia localidad se dirija a mí en euskara; después de asegurar que el debate entre los dos sería en castellano y añadir “por supuesto”; después de evidenciar que su ignorancia de la lengua vernácula le llevaron a errores de bulto en mi primera respuesta, ¿había de entender que le podía escribir en lo que usted llama “euskera de Irún”? ¿Para qué, para que volviera a no entenderme?; ¿para darle la oportunidad de responder que si no entendía algo, la culpa era mía por no hablar en algo tan difuso como es “euskera de Irún”? Voy a detenerme en este aspecto. Usted pretende que le puedo responder en una variante dialectal que por otro lado me niega que conozca. Empecemos por analizar la frase que usted pone en boca de mi difunta abuela materna: “Biñon, noiz ikazikodu euskeras muttikua onek?” Primero y principal, la respuesta se la di en la anterior carta, que si hubiera leído con detenimiento habría entendido. No fue con dinero público, sino con el contacto con euskaldunes, como el caso de mi abuela, y a la vez que aprendía el batua cuando aprendí las variantes propias de mi familia y mi barrio. Lo cierto es que yo no aprendí dos lenguas a la vez, sino una, en sus vertientes unificada y popular. Yo he conseguido reaprender euskara, sin dificultades, lo hablo con soltura y me expreso perfectamente por escrito. Usted, no, usted prefiere caer en un victimismo estéril que yo no comparto, como ya le dije antes: ¿Se acuerda de su lacrimógeno “empleamos nuestro idioma siempre que podemos, que desgraciadamente no es mucho”? ¿quién o qué les impide en IBAA emplearlo más a menudo? No soy yo, desde luego. En segundo lugar, mi difunta abuela materna, como buena baztandarra, distinguía perfectamente la “z” y la “s” -”ikasiko”, no “ikaziko”-; no decía “euskeras”, sino “euskaraz”. Pero sobre todo, mi abuela era algo que no es usted, era euskaldun, nunca habría dicho “muttikua onek”, sino “mutiko onek”. Si usted fuera realmente euskaldun, si tuviera lo que los filólogos denominan “sentido de la lengua”, sabría que eso que usted escribió no es un problema de alfabetización, sino un ejemplo de su ignorancia. ¿Y usted quería que le escribiera en “euskera de Irún”?; ¿usted me quiere hacer creer que sus errores de bulto se debían al batua?; ¿usted se permite ironizar acerca de si yo he aprendido con dinero público euskara después de 25 años de que oyera[14] a mi abuela materna quejarse de mi desconocimiento?. Volviendo a lo que usted llama “euskera de Irún” y el batua, el primero el que usted conoce y el segundo el que conozco yo -siempre siguiendo sus criterios-, en su comparación se parecen como una gota de agua a un caballo. ¿Me puede explicar entonces cómo es posible que en nuestras cortas conversaciones nos entendiéramos mutuamente? O reconoce usted que sí sé hablar el “euskera de Irún”, o reconoce que usted entiende el batua, o reconoce que su comparación no fue muy acertada, o reconoce que no fue usted muy sincero conmigo. De hecho, cuando yo le preguntaba cuál es el “euskera de Irún”, era una pregunta retórica, y le ponía un ejemplo de polimorfismo que, a la hora de escribir, exigía una respuesta que descartaba todo un abanico de posibilidades que enriquecen el uso oral cotidiano. Como veo que no lo entendió, le voy a poner otro ejemplo más sencillo: Es cierto que mi abuela decía “biñon”, pero también decía “biño”, “baña”, “bañan”, “baño”, “bañon”, “miño” y “miñon”, las más de las veces de forma arbitraria. El batua resuelve esta cuestión decantándose por “baina”, sin palatalizar. Es una solución discutible, como todas, pero yo no me creo con derecho a dar lecciones a los miembros de Euskaltzaindia (no Euskalsaindía, como usted escribe). Y, francamente, no creo que usted sea la persona más preparada para hacerlo. De hecho, a la hora de escribir en “euskera de Irún”, ése que, según usted, es el único que entienden los mayores -y ahora añade menores, ¿hasta qué edad?- de 80 años, ¿cuál de todas las formas antes expresadas debería elegir? IBAA resuelve ese problema eligiendo la forma “pero”, es decir, escribiendo en castellano, lo cual, por lo visto, no molesta a los irundarras euskaldunes. Es cierto que escribir en castellano tiene una tradición de siglos en Irun, relegando la lengua vernácula a un uso cada vez más restringido. También es cierto que es esa costumbre la que ha puesto en peligro de extinción el euskara en nuestra localidad, y no el batua, instrumento de recuperación social y cultural de nuestra lengua. Acerca de la afirmación de Artetxe (el euskera de Irun es al guipuzcoano lo que el sudamericano al castellano), confiese que no es muy científica. Yo prefiero seguir en este aspecto las indicaciones de reconocidos dialectólogos como Louis Lucien Bonaparte, que ya a mediados del XIX lo clasificó como altonavarro septentrional, subdialecto guipuzcoano, variante de Irun, clasificación que reiteran ya en este siglo Azkue y Pedro de Yrizar. Por cierto, y para ir acabando con este tema y empezar por el siguiente, cuando dice que el “euskera de Irún” es “en el que se expresó siempre nuestro pueblo”, ¿a qué se refiere con “siempre”? ¿A que los irundarras de 1522 hablaban igual que mis abuelos paternos, por ejemplo? Si sabe que el Alarde ha cambiado desde 1881 hasta hoy, no tiene mucho sentido que lo llame “de siempre”. De todos modos, está claro que no sabe expresarse correctamente, ya que a continuación de reafirmarse en ello añade, “naturalmente, tratando de corregir lo que tenga de malo”. El cambio, por naturaleza, no es malo. La discusión no ha de ir por esos términos. Yo no me planteo lo que tiene de malo el Alarde porque sea de siempre o por que sea un cambio, del mismo modo que usted no acepta la propuesta de “Bidasoaldeko Emakumeak” y sí ha aceptado otros cambios. Centrémonos en el aspecto histórico. Es difícil hablar de Historia, con mayúscula, a alguien que dice saber sólo de historia, con minúscula. Yo puedo conocer las cañerías de mi casa mejor que nadie, pero no le enseño su oficio a un fontanero. Sin embargo, de Historia o historia, todo el mundo se atreve a hablar. A mí el Alarde me interesa más desde su aspecto antropológico que desde el meramente histórico, como ya expresé en mi conferencia de San Sebastián. Tal vez su imperfectísimo euskara le impidió entenderme; pero también advertí que no estoy dispuesto a permitir la difusión de ideas erróneas, muy fáciles de creer por gente que ni sabe de Historia/historia ni tiene por qué saber. No voy a repetir mi conferencia; me limitaré a tratar algunos aspectos que cita en su carta de febrero. Con respecto a la caballería, no afirma que su origen esté en 1710, incluso subraya que no formaba parte de la milicia foral, que sólo cita un hecho comprobado. Cierto. También es cierto que usted desliga la caballería (elemento de primer orden en nuestra fiesta) de la milicia foral (conjunción de dos vocablos que a la mayoría de irundarras no evoca nada, y mucho menos les recuerda ninguna celebración sanmarcialera). Pero también es cierto que liga la palabra “Alarde” - de gran carga emocional en Irun y Hondarribia- con “salieron a caballo los señores del gobierno con los demás especiales”, todo ello en las dos líneas largas que dedica a la caballería, bajo el epígrafe “Formación del Alarde de San Marcial”, sin añadir nada más. ¿Qué conclusión ha de sacar el irundarra medio que recibió el panfleto de IBAA en el buzón? El alarde realizado el 21 de diciembre de 1710, en el que participaron personas a caballo, no caballería, y la fiesta que llamamos “Alarde de San Marcial”, en la que participa una “escolta de caballería” no tienen absolutamente nada que ver. Insinuar que un acontecimiento está en el origen del otro porque tienen el mismo nombre es un error que los historiadores llamamos nominalismo, un error muy grave al que usted, de forma voluntaria o no, conduce a las familias irundarras. Otro tanto se puede decir de su referencia a las cantineras. Aunque en este caso es todavía peor, al escribir que en los años 1826 y 1833 aparecen “cantineras”. Que lo haya puesto entre comillas no lo justifica, mucho menos cuando lo escribe inmediatamente antes de “Esperamos que alguien pueda demostrarnos qué papel puede jugar la mujer en el Alarde de San Marcial, si no es el de cantinera, que carece de toda lógica”. Lo que carece de toda lógica es hacer creer al pueblo irundarra que en la nueva fiesta llamada “Alarde de San Marcial” creada en 1881 se incorporaron cantineras porque medio siglo antes el Ayuntamiento contrataba los servicios de una mujer que servía bebidas a los paisanos. Y precisamente escribe esto con la única finalidad de convencernos de que la propuesta de participación femenina va contra la historia. Si antes lo he acusado de nominalismo, ahora lo acuso de hacer “historia ad demostrandum”. Si el nominalismo es un error habitual en ciertos estudios de poco rigor, la “historia ad demostrandum” es la negación del rigor histórico. Si en el caso de la caballería le achacaba irresponsabilidad, en el de las cantineras ya no me caben dudas de su voluntad de engaño. Ante esto, sólo cabe preguntarse: ¿quién manipula, quién malinterpreta, quién tergiversa, quién miente, señor Aramburu? Pasemos a otro tema, el de la participación de mujeres en alardes del XVIII. Punto primero, yo nunca he pretendido descubrir nada, lo que queda claro al citar un libro escrito hace 20 años. Pero esto es lo de menos. Lo importante es que yo le aconsejé releer con atención los capítulos que Mª Elena Arizmendi dedica al siglo XVIII, y usted no ha seguido mi consejo, lo que le ha llevado a cometer un error gravísimo. Yo no hablo de dos compañías, sino de dos alardes celebrados en años diferentes. Los dos los cita Arizmendi, uno según la referencia bibliográfica del conde de Llobregat, y otro según la referencia de Alenda y Mira. Es ahí donde aparece escrito “y otras montañesas”. Si el señor Alenda se equivocó yo no lo sé, porque no he consultado el documento que él cita, ni lo pienso hacer. Me consta que en el archivo hondarribiarra no aparece, lo que legitima su escepticismo, pero no que me acuse a mí y a Mª Elena Arizmendi de mentirosos o irresponsables. En su obsesión por no tomar en cuenta otros datos y otras fuentes que las inmediatas, se niega a reconocer la existencia de documentos no registrados en nuestros archivos -por otra parte, tan maltratados y llenos de lagunas-. A Arizmendi también le llama la atención la presencia de mujeres en aquellos alardes. Particularmente opino que, si bien es un hecho extraño, algo habría de verdad cuando quienes los citan no tenían ningún interés en inventárselos. De todos modos, para mí, y lo he dejado siempre bien claro, la presencia de mujeres en los Alardes de Irun y Hondarribia no se puede condicionar a la existencia o no de un documento, y no pasa de ser una curiosidad. Usted, sin embargo, en su afán de negar argumentos al contrario, cae en una rotundidad que lo desacredita. No conozco personalmente a Mª Elena Arizmendi ni comparto sus opiniones acerca de la incorporación de la mujer en el Alarde. Conozco su impresionante obra “Vascos y trajes”. Tiene muchos errores, como todos los grandes trabajos, pero eso no la descalifica como historiadora. Es posible que falle al interpretar los datos, pero no los inventa. Como usted, cae en el nominalismo al encontrar el origen de nuestros “hacheros” o “archeros” en los “archeros” o “arqueros” del XVI. Pero ella no escribió el libro para justificar nada. IBAA, del que usted forma parte, nació, o al menos así lo recogieron los medios de comunicación, para buscar en la historia datos que justifiquen su negativa a la incorporación de la mujer en igualdad de condiciones que el hombre. Eso es anti-historia. Le envío fotocopia de la página donde Alenda cita a las “otras montañesas”, para que compruebe que la señora Arizmendi no miente, ni yo le copio de forma acrítica. Podía reservarme este documento hasta que usted escribiera o hablara públicamente de ello, para dejarle en evidencia, como pretende hacerme usted con su famoso documento sobre la artillería, pero yo no hago de la Historia/historia un arma arrojadiza para descalificar al contrario. Recordando a Unamuno, no quiero vencer, sino convencer. Por favor, no guarde mis cartas, enséñelas, como yo enseño las suyas; no me da miedo que todo el mundo conozca mi opinión, y precisamente si hay algo que falta sobre este tema es diálogo. De hecho, insisto en que éste no es un problema histórico, sino antropológico. Otro ejemplo: me tacha usted de ignorante porque digo que en el Alarde se desfila. Me da igual que me presente usted todo el archivo municipal para avalar que el Alarde “se hace”. El Alarde del que yo hablo, se hace todos los años, pero la gente no hace el Alarde, sino que desfila en él. Más corriente aún es decir que “se sale en el Alarde”[15] y en el caso de las cantineras, hasta se puede oír la expresión “la sacan en tal o cual compañía”. Usted tiene derecho a utilizar la historia para huir de la realidad, pero la realidad no cambia por eso. De todos modos, veo en ello más la voluntad de sacarme faltas que un análisis profundo, de la misma manera que cuando afirma, “por fin” coincidir conmigo, manipula y tergiversa mis palabras, para no responder a la cuestión que le planteo: yo me refería, y es patente para quien lo lea, a la participación de mujeres concejales, que tradicionalmente no han tomado parte simple y llanamente porque no existían mujeres concejales. Ahora que existen, participan en el lugar correspondiente. Yo nunca compartiré con usted que las mujeres pueden participar detrás del clero, es decir “recuperar una tradición”, porque esa tradición simbolizaba el papel de la mujer en la sociedad tradicional: el último puesto. Por ejemplo, para que me entienda, ni las más ricas e influyentes podían alcanzar cargos públicos o eclesiásticos. Hoy día la sociedad ha cambiado, y algunas mujeres quieren participar en eso que usted llama infantería. ¿Que históricamente le parece absurdo? Tiene derecho a pensarlo, pero pretender que las tradiciones sólo se pueden recuperar, no crear o cambiar, eso sí es absurdo históricamente. Usted permitiría que las mujeres participaran detrás del clero porque antes fue así. ¿Y si no hubiera sido así? ¿Por qué necesita que algo haya ocurrido antes para encontrarle justificación? En ese sentido nada nuevo sería legítimo. Sin embargo, estoy convencido de que tras su negativa a la participación femenina hay algo más que razones históricas, de que éstas no son más que el discurso oficial con el fin de ocultar razones inconfesables, como también dije en mi conferencia de San Sebastián. En su libro, al tratar acerca de una o dos compañías de hondarribiarras que participaban en Irun, asegura que históricamente no tenían sentido, pero su presencia le parece positiva en la medida en que simbolizaba el fin de rencillas entre las dos localidades vecinas. ¿Por qué no llega a la misma conclusión con respecto a las mujeres?; ¿por qué no considera positivo que venzan la discriminación que históricamente han sufrido?; ¿por qué no pone los derechos de las personas por encima de la tradición? Tal vez porque su “por los derechos de la mujer estamos todos” no deja de ser una frase vacía de contenido. Considera absurdo elevar a derecho que las mujeres se disfracen de hombres con una escopeta. ¿Qué las disfraza de hombres, la ropa o la escopeta? La boina, los pantalones o la faja, prendas antaño exclusivamente masculinas, son habituales en las mujeres de Irun el día 30 de junio. ¿Están disfrazadas esas mujeres? Si lo están, ¿es legítimo que impongan su presencia en la calle? Si se refiere a la escopeta, ¿admitiría usted mujeres en la banda, la tamborrada, o en las compañías de infantería tocando algún instrumento? Estas preguntas le parecerán estupideces y en efecto, lo son. Porque el problema radica en que tomar parte en el Alarde no es un derecho, es un título de honor -relea el artículo 2º de la Ordenanza de 1980-, un honor que todo varón mayor de edad, sea o no sea de Irun, viva o no viva en Irun, puede disfrutar el día 30 de junio sólo con presentarse debidamente ataviado -disfrazado- en el momento y lugar oportunos. Un honor que las mujeres no pueden disfrutar salvo las 19 excepciones que algunos grupúsculos de hombres previamente han decidido. ¿Qué justificación histórica encuentra a todo esto? Pero va usted más lejos, y llega a decir que el único objetivo de las mujeres es “despojar de todo sentido a una tradición muy querida por el pueblo”. Es decir, que no juzga el acto, sino la intención. Yo tengo mi opinión personal acerca de los motivos por los que participan muchos varones en el Alarde, pero nunca expulsaría a nadie por ello. Usted sí. ¿O sólo a las mujeres? ¿Qué tipo de mujeres admitiría en el Alarde? ¿Les obligaría a pasar un examen de conciencia? ¿Quién es usted, o nadie, para hacerlo? De nuevo le parecerán tonterías lo que digo, y de nuevo tendrá razón, porque lo cierto es que tras su afirmación no pretende otra cosa que descalificar a las mujeres conscientes de que son discriminadas. De hecho, añade sobre el escrito que presentaron a la Junta del Alarde, “de rectitud moral, nada, desde luego”. Eso no es propio de alguien que escribe “admitir posturas diferentes, incluso encontradas, debe ser absolutamente normal entre personas que creen en la democracia”. A no ser que su intención sea eludir el fondo del problema. Con respecto al Museo Zumalakarregi, si usted me asegura que no pretendía insinuar nada -después de tantas y tan insidiosas insinuaciones- y teniendo en cuenta que mis compañeros dan por buena su explicación, me doy por satisfecho. Aunque entonces no entiendo qué quería decir con lo de cerrar el museo por coherencia con mis ideas. ¿Cuáles de mis ideas están en contra de analizar la historia del XIX? Sólo una puntualización: ni mis compañeros ni yo somos funcionarios. Ya ve qué fácil es equivocarse. No quisiera pasar por alto su referencia errónea “Son ustedes el primer colectivo al que riño por su utilización simbólica de mi lengua” Yo le dije todo lo contrario, que no son ustedes los primeros, y le adjunté fotocopia al respecto. Sobre “Bidasoaldeko Emakumeak”, le diré que es un colectivo formado por euskaldunes y erdaldunes, pero siempre que se han puesto en contacto conmigo lo han hecho en euskara sin excepción. No puedo decir lo mismo de IBAA. A la hora de redactar estas líneas he visto carteles de IBAA convocando a una manifestación el día 12 de abril, en euskara y español. No sé si es por mi causa o no tiene nada que ver, ni me importa, lo importante es el resultado, y les felicito por ello. Por cierto, en unos carteles traducían “es patrimonio del pueblo” como “herriarena da” y en otros como “herriko patrimonio”. ¿Cuál de las dos traducciones es mejor? Yo sé la respuesta, ¿y usted?. ¿Cómo se escribe en “euskera de Irún”: herri o erri? También sé esa respuesta, ¿y usted? Para acabar, algo relacionado con lo anterior. En su carta de 18 de febrero, no sólo no me contesta por qué escribe Irún y no Irun, sino que a veces le pone tilde y otras no. ¿Y es usted quien me acusa de ser un hombre de criterios volubles? Si no le importa, la presente ya es demasiado larga, por lo que prefiero no detenerme en sus opiniones acerca de mi rectitud moral, que miento por afición o bien tengo poco amueblada la sesera, que si actúo con mala fe manifiesta, que no sé por dónde me da el aire, que me va a rebajar los humos, que aporto un “dato” que es un disparate de los que no entran siete en la docena, o su vehemente “viva los profesionales de la Historia, los de la cordura, los de la ética”. Usted ya lo ha dicho todo. Si IBAA, “Bidasoaldeko Emakumeak” o cualquier otro colectivo nos invita a discutir del tema, estaré encantado de asistir. Hasta entonces, le envío lo que usted no me envía, un cordial saludo. Xabier Kerejeta PD: He sido invitado a dar una conferencia sobre el tema por UEU el 22 de abril en Pamplona. Básicamente trataré lo mismo que en San Sebastián. En julio versaré sobre la Tradición como argumento contra la Historia, donde sus cartas me serán de gran utilidad. He pensado que le gustaría saberlo. No niego que en estas cartas hay una gran implicación personal, seguramente mayor de la que debería corresponder a un epistolario de puesta en común en torno a los puntos a tratar en un debate. Pero también es cierto que en ellas se encuentran las claves para entender el conflicto en torno al Alarde y su supuesta significación histórica; publicar fragmentos habría justificado cualquier sospecha de parcialidad. Quien haya leído otros escritos de Aramburu habrá apreciado la vehemencia con que responde a quienes no opinan como él, sea sobre el Alarde, sobre el Olentzero, sobre los barrios o los topónimos de Irun o sobre cualquier otro tema que parece considerar de su propiedad. También es patente su tendencia a, en expresión de mi difunto padre, “emborracharse con sus propias palabras”. De todos modos, intentaré demostrar que el interés de sus cartas va más allá de su carácter o estilo literario, y que evidencian la estrategia “betiko” en defensa de su particular concepto del Alarde. ¿Cómo hemos llegado a esta situación absurda, a una fractura social tan grave por un tema que, según el discurso oficial, es histórico? [1] Léase a Bullen en Perspectivas feministas..., pág. 72. [2] Recogido por Bullen en Perspectivas feministas..., pág. 66: “la identificación plena y absoluta de toda la ciudad hondarribitarra con su pueblo, con su festejo, con su Alarde fundamentalmente”. La propuesta de participación de las mujeres se ve como una amenaza de “romper con toda esa armonía”. Así lo recoge un documento de estrategia “betiko” irunés de otoño de 1996, recogido en Internet: El protagonismo lo tiene que tomar el Pueblo de Irún, pero la parte del pueblo que vive la fiesta. Poner las medidas para que el Alarde sea del pueblo, pero de la parte del pueblo que se le pone “carne de gallina” cuando escucha las notas del Himno de San Marcial. Si no eres “betiko”, es inconcebible que te emocione el Alarde. [3] Ver el artículo de Luis Puente en Gara, 00/08/14. Puente utiliza la expresión del teólogo Rudolf Otto, que definió lo sagrado como lo completamente distinto, para ironizar sobre esa percepción “betiko” del Alarde que no admite comparación con absolutamente nada. En artículo de respuesta en el mismo periódico en 00/08/21, Aramburu, que parece no haber entendido la ironía de Puente, rebate las contradicciones que Puente aprecia en el Alarde porque éste es, en efecto, completamente distinto de cualquier otra fiesta, procesión, fuerza armada o elemento con el que se compare. También es sugestivo otro ejemplo de Puente: el cristiano Tertuliano se apropia del discurso sagrado y niega el derecho a utilizarlo a los heterodoxos que no comparten su criterio. Asimismo, los “betikos” se han apropiado del Alarde, lo han privatizado, y no tanto con fines jurídicos como de acaparamiento de lo sagrado. El Alarde es suyo, el mero hecho de que los demás utilicemos esa palabra les parece una profanación. Llegan hasta el extremo de escandalizarse por la presencia de cantineras en eventos foklóricos que no son alardes. O, c | |||