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Alarde |
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DV.- 9 de enero de 2002 Antonio Aramburu/ (Irún) Nos enteramos por la prensa, no sin sorpresa, que ha sido elegido nuevo general del Alarde de San Marcial, cuando ni siquiera se había comunicado la dimisión del anterior general Bernardo Urtizberea. Que en estos cuatro años no hayamos dicho ni una palabra sobre el tema, es comprensible, dada la situación de emergencia en que vivíamos, mas que la misma se prolongue indefinidamente, ya resulta una tomadura de pelo al pueblo de Irún, que en todo el tema solamente tiene derecho a pagar los gastos del Alarde, y a acudir a las manifestaciones que nos convoca la Junta. Les guste o no, es al pueblo de Irún, el que financia el Alarde, a quien le corresponde hablar y tomar decisiones, a ese pueblo cuya opinión se ignora olímpicamente. Si hasta ahora se ha mantenido un prudente y ejemplar silencio, creemos que ya ha llegado la hora de terminar con el «estado de excepción», y que no sean los capitanes quienes nombren al general, el general quien designe a los capitanes, y entre todos ellos, la Junta del Alarde, como la pescadilla que se muerde la cola. Los capitanes, quienes me merecen un gran respeto, no son nadie para nombrar al general, ni nadie les ha concedido esa atribución, sino que han sido designados para hacer al Alarde. La competencia de elegir general le corresponde al pueblo de Irún, y lo contrario, esta forma de proceder, tiene un nombre en castellano: dictadura, o si se prefiere, «democracia orgánica», de la que salimos más que hartos hace ya bastantes años. Y conste que no tengo absolutamente nada contra el nuevo general, a quien personalmente no conozco, y sé que es hijo de un apreciado amigo mío. Si el mismo es elegido democráticamente, mi enhorabuena y mi aplauso. Pero lo que no es aceptable, es que el Alarde lo manipulen una docena de personas. ¡Viva el Alarde del pueblo de Irún!
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