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Este es el artículo que esta mañana he leído en Hala bedi irratia. Es mi humilde contribución al décimo aniversario. |
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25 mayo 2006 Mertxe |
"Aznar acababa de ganar las elecciones y, en pocos meses, habían
muerto Marguerite Duras, Ella Fitzgerald y mi hermano. Aún no había
vivido ninguna tregua de ETA y, desde luego, los homosexuales no podían
casarse ni las cigüeñas elegir con quien compartir su nido.
Hasta tal punto era la prehistoria que nadie tenía móvil.
Fue entonces cuando mi vida cambió, cuando pasé de poder
entrar en cualquier bar o pasear por cualquier sitio a saber que mi ciudad
era una ciudad partida, vedada y prohibida para mí. Cuando aprendí
que el prójimo podía ser alguien peligroso, y que muchos
prójimos juntos, hijos e hijas de buenas familias, honrados ciudadanos,
podían convertirse en una jauría y yo, y nosotras, en la
pieza de caza. Mis ojos cambiaron entonces; se volvieron más agudos
y penetrantes, más viejos y más sabios. Mi corazón,
un corazón blanco y cobarde, se contagió de la inmensa valentía
de los corazones vecinos y se atrevió a ser leal y firme. Las palabras,
muchas recién aprendidas, brotaron de mis labios y de mis manos
y así, en fin, me convertí en una paria social en mi propio
pueblo y fui feliz por primera vez. Es posible que haya sido una felicidad
cara; es posible, pienso continuamente, que haya sido una felicidad ingrata
y llena de dolor; es posible, no dejo de repetirme, que mi vida hubiera
sido más fácil sin conocer este lado de la realidad. Pero,
hoy, como el mutante de Blade Ranner, puedo decir que he visto cosas que
no podríais imaginar. He visto a mi ahijada crecer sabiendo que
todas las puertas de su fiesta estaban abiertas para ella; he podido guardar
para la única hija de mi hermano la chaqueta que él llevó
tantas veces sabiendo que también ella podrá llevarla, si
quiere; he visto desfilar a una amoña de setenta años y
he sentido al hacerlo que pagaba mi deuda con mis abuelas, aquellas que
con el trabajo de sus manos consiguieron que yo no tuviera que usar las
mías. He desfilado junto a mis dos hermanos mayores sintiendo su
respeto y su cariño. He hablado y discutido, he gritado, he llorado
y he reído; he amado y he odiado, he guardado rencor y, a veces,
hasta he conseguido comprender y perdonar. He corrido ante la policía
y visitado calabozos, he negociado. He ganado y he perdido. He visto a
gente llorar de miedo y a pesar de todo, seguir adelante. He sentido el
calor de formar parte de algo y me he emborrachado con la paz de sentirme
por fin en casa. He visto a mi alrededor el nacer de mil amores. |
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