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Tres alardes

 
   

GARA
17/04/02
Iritzia > Gaurkoa

Luis Puente. Pedagogo.

El primero, de honestidad. Protagonizado por el señor Okiñena, que ha preferido renunciar al cargo de Ararteko antes que aceptar como adjunto al señor Buen. La no admisión de la candidatura del alcalde de Irun ha sido una prueba de respeto a la institución que el propio Okiñena iba a dirigir. En efecto, el señor Buen ha venido haciendo oídos sordos a las recomendaciones de los anteriores Arartekos acerca del conflicto del Alarde. Es más, a propósito del último informe que le remitió la Ararteko, el alcalde de Irun se atrevió a manifestar públicamente que «se extralimitó la Ararteko», porque le recordaba «la obligación de ese Ayuntamiento de promover la celebración de un Alarde igualitario» y que debía negar «cualquier apoyo ­ni siquiera indirecto o por omisión­ a la realización de actos públicos en los que se discrimina a las mujeres». Añádase a tan soberbia manifestación el hecho de que el señor Buen había encargado a un equipo de abogados un informe que le indicara la manera de soslayar sus obligaciones legales (es decir, de hacer fraude de ley), sin poder ser acusado de prevaricación. Tal informe le aconsejaba conceder la autorización del Alarde tradicional y argüir, tras la celebración del mismo, que él no podía saber de antemano que iba a ser discriminatorio. Este informe llegó a manos de la Ararteko a tiempo de que ésta advirtiera en su escrito al señor Buen que tal argucia sería inaceptable, pues la experiencia de años anteriores y la propia redacción de la solicitud de autorización presentada por los betikos, evidenciaban que el desfile iba a discriminar a las mujeres. Pues bien; tantas advertencias de la Ararteko no impidieron que el alcalde concediera la autorización.

¿Cabe mayor desprecio a la institución? ¿A qué mente democrática se le puede ocurrir que quien así actúa puede pasar a desempeñar el cargo de adjunto al Ararteko? Si, además, se tiene en cuenta que la misión del Ararteko es la de defender los derechos de la ciudadanía, resulta escandaloso que quien se ha esforzado por estudiar la forma de negar un derecho a las mujeres, se atreva a proponerse para gobernar la institución.

Por todo ello, quienes creemos que, en cuestión de derechos, «hombre» y «mujer» no son más que dos maneras de referirse a una misma realidad, la persona, tenemos que agradecer al señor Okiñena su firmeza, su honradez y su disposición a conocer qué circunstancias rodeaban el cargo para el que había sido nombrado.

El segundo alarde ha sido de arrogancia, y lo ha llevado a cabo un PSE acostumbrado a utilizar las instituciones a conveniencia de sus intereses partidistas, y no habituado a encontrar delante a un Okiñena.

Hace tiempo que el señor Buen manifestó su intención de no volver a presentar su candidatura a la alcaldía de Irun. Se dice, incluso, que estaba dispuesto a quemarse en el conflicto del Alarde, exponiéndose a que la Justicia lo alejara de los cargos públicos por prevaricación, porque estaba decidido a retirarse. Por ello, al PSE le urge proporcionar al alcalde una jubilación honrosa, con el fin de que pueda hacerse cargo de la alcaldía el segundo de a bordo, el señor Santano, que, políticamente, en este momento es casi un desconocido para los propios iruneses. Los socialistas saben que disminuirán sus posibilidades de mantener la alcaldía de Irun en las ya próximas elecciones municipales, si acuden a los comicios con un candidato sin experiencia.

El primer intento de aupar al señor Santano a la alcaldía consistió en presentar al señor Buen en las listas para el Senado de las anteriores elecciones generales. No pudo ser, porque el Alarde da votos en Irun y los quita más allá de Gaintxurizketa. Ahora surgía una nueva oportunidad, colocar al señor Buen en la sede del Ararteko, para que, por fin, el señor Santano accediera a la alcaldía. No se trataba, pues, de nombrar a D. Alberto senador o adjunto al Ararteko, sino de nombrar alcalde al señor Santano. Lo de menos, por tanto, es dónde se jubile el señor Buen: lo importante es que se jubile, y, a poder ser, con la sensación de que el partido le paga (a cuenta del erario público, por cierto) los servicios prestados. Pues tampoco esta vez ha podido ser, por culpa de las miserias de la política miserable: el Alarde ha hecho, a la misma persona, héroe en Irun e impresentable fuera de la ciudad.

Y el tercer alarde al que hemos asistido estos días ha sido un alarde de cinismo, escenificado por el PNV y, en concreto, por el señor Egibar. Al portavoz peneuvista, como a todo actor que se precie, no le traicionó la voz al criticar al señor Buen por desatender «conscientemente» (subrayaba) las indicaciones del Ararteko, en relación al derecho de las mujeres a participar en el Alarde, y por no haber sido capaz de resolver el conflicto. No nos dijo, en cambio, que cuantas iniciativas ha tomado el señor Buen contra tal derecho y contra lo indicado por el Ararteko, han contado siempre con el apoyo y el aplauso de los concejales peneuvistas de Irun (por cierto, hay que suponer que el señor Egibar sabe que la concejala que encabezó la lista del PNV es abogada de los betikos, ¿o fue cabeza de lista por la rentabilidad electoral que proporcionaba el que fuera abogada de los betikos?). Incluso debería haber dicho que el PNV irundarra ha mantenido una actitud más reaccionaria, más enfrentada a las mujeres que el propio PSE. Valga un ejemplo. En 1998, cuando el señor Buen parecía inclinarse por seguir el camino de respeto a la ley, la Corporación acordó «poner a disposición de los ciudadanos los medios para organizar un Alarde igualitario», con la abstención del PNV.

El señor Egibar aún podía haber añadido que no fueron pocas las iniciativas anti-mujeres que el señor Buen adoptó aguijado por las púas de los concejales peneuvistas. Así, por ejemplo, ocurrió con la aprobación de las cuentas del primer Alarde oficial iguali- tario: el PNV votó en contra, con el fin de ahogar económicamente a dicho Alarde; la votación arrojó un empate que, en el último momento llevó a la no aprobación, al hacer uso el alcalde de su voto de calidad, por miedo a que sólo el PNV recogiera los aplausos (entiéndase «votos») de los betikos.

Olvida el señor Egibar que no siempre ha sido el alcalde quien tenía la facultad de autorizar o no el alarde discriminatorio. Cuando tal potestad correspondió a la Consejería de Interior, fue igualmente autorizado, con el agravante de que siempre han sido responsabilidad de la Consejería los apaleamientos que la Ertzaintza ha realizado contra los partidarios de las mujeres, así como la laxitud con la que esa policía ha tolerado las agresiones (barreras, insultos, golpes) de los betikos a los defensores del Alarde igualitario y a los periodistas.

¿Y si damos un salto de cinco kilómetros, señor Egibar? Entonces, llegamos a Hondarribia, cuyo alcalde (del PNV) ha venido haciendo lo mismo que el de Irun: alentar, apoyar y autorizar a los betikos. De una manera más escandalosa, porque, además de no atender las recomendaciones del Ararteko, ha desacatado la sentencia del TSJPV, se ha reído de las dos declaraciones parlamentarias referidas al tema y ha despreciado a cuantos organismos y autoridades se ha pronunciado sobre el Alarde, diciendo que sólo el pueblo de Hondarribia tiene derecho a opinar y decidir en esta cuestión. Si la actitud del alcalde de Irun merece una crítica pública del señor Egibar, ¿por qué no, la del alcalde de Hondarribia? Si el PNV cree que es reprobable en un alcalde que se desatiendan las sugerencias del Ararteko, ¿por qué consiente que durante seis años lo venga haciendo un alcalde suyo?

Por último, el señor Egibar ha manifestado que el PSE no estaba interesado en presentar a la persona más idónea para el cargo de adjunto, sino que tenía interés en alejar al señor Buen de la alcaldía, con el fin de que, con la mirada puesta en las próximas elecciones, el señor Santano pudiera iniciar su rodaje. Y es cierto, como ya hemos señalado en este es- crito. Pero otra vez se ha olvidado de contarnos la segunda parte de la película. El PNV no ha saltado sobre el cuello del alcalde de Irun porque éste haya desobedecido al Ararteko, o porque al PNV le interese resolver el conflicto del Alarde. El PNV no pudo arrebatar la alcaldía al PSE por un puñado de votos. Justo los que espera obtener, si impide que el señor Santano se presente a las elecciones del próximo año desde el puesto de alcalde. Es decir, el PSE ha presentado la candidatura del señor Buen por motivos electorales y por motivos electorales se ha opuesto a ella el PNV.

No obstante, el señor Egibar va a tener muy pronto ocasión de demostrarnos que su rechazo de la candidatura del alcalde irundarra se debía a la postura de éste frente al Alarde. Es de prever que dentro de dos meses llegará un nuevo informe de la Ararteko a la mesa del señor Buen. Es previsible también que el alcalde lo desoirá y concederá la autorización a los betikos. Consiga el señor Egibar que los concejales del PNV soliciten al señor Buen atender las recomendaciones de la Ararteko y no conceder la autorización al Alarde discri- minatorio. Y que en septiembre actúe en el mismo sentido el PNV de Hondarribia. Entonces diré que me equivoqué al relacionar al señor Egibar con la escuela de Antístenes. -

 

 


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