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Partir de cero

 


NOTICIAS
DE GIPUZKOA
Sábado, 17 de junio de 2006

 
Abdón Francés
Otra vez San Marcial. Otra vez a vueltas con el Alarde. Que si tradicional; que si mixto. Y los partidarios de las respectivas representaciones, cada vez más distanciados, montados en trayectorias divergentes que hace diez años partían de un punto común, pero que con su enardecimiento han conseguido no encontrarse jamás.

Sin embargo, eso es lo que tienen que hacer; encontrarse. Si somos lúcidos nos daremos cuenta inmediatamente que nadie va a eliminar al adversario, que los alardes van a coexistir sine die y que, por otra parte, tal dualidad es un artificio que no satisface a nadie, y además impropio de una ciudad que se tiene por civilizada. No es admisible que el día de la Fiesta Mayor el pueblo aparezca dividido, se mire con recelo o llegue a situaciones que exijan la presencia policial, precisamente en una jornada en la que la armonía y la alegría deberían hacer ociosa toda vigilancia desproporcionada.

Pero así se presenta otra vez San Marcial en este 2006 sin que se hayan dado muestras de querer progresar en algo tan importante como es nuestro prestigio exterior.

Como se puede apreciar, no quiero cargar sobre nadie la responsabilidad del enfado actual; tan solo pretendo hacer un bosquejo de la situación.

Si tenemos en cuenta que diez años de sentencias, discusiones, propuestas, mesas deliberadoras, intervencionismo oficial han sido inútiles, no queda, a mi juicio, otra solución que la de volver al punto cero inicial: al Alarde tal como era antes del conflicto actual.

Al Alarde organizado por el Ayuntamiento, con el General nombrado en el primer pleno de mayo, con las compañías mandadas por los capitanes que el hábito ha establecido y las listas de acceso a los cuerpos elitistas abiertas a cualquier solicitante.

El Alarde saldrá desde donde siempre, a la hora de siempre y hará el recorrido de siempre. En él desfilarán las mujeres que lo deseen, en la compañía de su barrio o de su preferencia. Y podrán apuntarse a la Caballería, a la Tamborrada, etc. todos aquellos que se crean con facultades para ello, sin distinción de sexos.

Así debe hacerse; silenciosamente, sin escándalo y sin repugnancia, con transigencia, dejando a un lado las valoraciones que cada uno haya hecho para justificar su razón, siendo pragmáticos y dejando que el tiempo sedimente los ánimos y configure el Alarde en la composición que la propia inercia ciudadana determine. Como ha sido siempre: dejando que el Alarde se haga a sí mismo.

Cuanto antes mejor; para que no se separen más las líneas divergentes.

 

 


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